lunes, 13 de julio de 2020

13 de julio del año de la pandemia
Se pasaron 107 días de cuarentena y estuve posteando religiosamente en mi face todo lo que se me ocurría compartir (iba a escribir "todo lo que pasaba por mi mente" pero me di cuenta que estaría mintiendo, pasaron por mi mente miles de cosas no compartibles en el face, ¿cómo no se me ocurrió pasar por aquí?) Ok, decía que estuve posteando en mi face los 107 días de la cuarentena y al final se me ocurrió que me gustaría tenerlo todo en papel y así leerlo cada vez que me provoque. Con las fotos y por supuesto, los comentarios de mis escasísimos lectores, sería bacán!

Hace un millón de años que no uso la pc y ahora me siento, tecleando, como quien agarra una bici después de... eso: un millón de años!

El día está lindo! pondría una foto pero me da flojera así que mejor explico que el parque está verde, el sol fuerte, la temperatura fresca. Algunas personas, muy pocas todavía, pasean por las veredas y si no fuera por un pequeño detalle, diría que es un día como cualquier otro de los miles de días en mi vida, en que miro el parque desde mi balcón. Pero no. Los pocos paseantes llevan una ligera prisa. Una ligera prisa en su andar y en sus rostros: mascarillas.

miércoles, 27 de abril de 2016

Problemas de conexión



¿Te ha pasado alguna vez que no tienes ganas de hacer nada? Ok esto es muuuuy general ¡¿a quién no le ha pasado?! Entonces ¿siendo una persona creativa, te ha pasado que no se te ocurre "nada"? Y digo, "naca la pirinaca". Se pasan los días con sus noches y sus resquicios y a ti no se te ocurre nada.
Continuaré afinando la cosa. La verdad es que sí se te ocurren cosas para hacer, muchas. El problema es que no encuentras el "mood" para sentarte/pararte/echarte y HACERLO. Y no es que tengas un rollo encima, qué sé yo, preocupaciones, depresión o alguna cosa especial/fuera de lo común. ¿Te ha pasado? ¡¿Les ha pasado?!

Bueno, a mi me pasa. A estas alturas debería andar loca preparando mi Desfile anual y... no puedo conectarme. Se me ocurren cosas, varias, muchas pero no logro hacer clic entre mis ideas y la parte motora de mi cuerpo. Estoy así, maniatada por la sonsera.
Solía ser una persona medianamente responsable y me sobreponía siempre a la desidia cuando de "hacer lo que debía" se trataba pero ahora me siento un poco rebelde y no pues, no escucho a las voces que me dicen que me imponga y asuma mis responsabilidades. Me siento como el adolescente que quiere unos minutitos mas en la cama y luego se levanta y ya es de tarde.

Ni modo, regreso en "un minuto".

lunes, 11 de mayo de 2015

5 minutos

(No sé qué michi ha pasado por aquí. Se me planta un odioso aviso de ¿Neoworx? ¡¿Qué, todo cambió?! Es ridículo el tiempo que no paso por acá. Ridículo como las ganas que tenía de escribir hasta que me crucé con la cosa esa, fúchila, vete a joder a otra parte!)

Mmmf! Respiro. Ayer fue el Día de la Madre y hoy desperté con la resaca de las flores, los dulces, los regalos, las fotos, la melcocha de los lugares comunes, jodidamente comunes. Es el día de sólo publicar, sin ver, el face porque termina una con un empalagamiento de la patada.

Actualizando. El que alguna vez llamé Niño, ahora es un guapo adolescente (mas conocido como el Enano) que vive, él (sufro, yo) esa adorable etapa de la vida llamada Adolescencia (...de sentido común, de modales, de cariño, de consideración... estotodavíacontinúa), la razón de por qué, a mi corta edad, tengo la cara surcada por zanjas de construcción de rascacielos a punto de graduarse de cañones cuasi geológicos. Lo más maravilloso del asunto es que resulta que TODO es CULPA mía. Oh! sí.
Porque lo mimé demasiado, porque lo besé demasiado, porque lo quise demasiado, porque le di demasiado, porque la responsabilidad de criarlo, para mi, fue demasiado. Ahora, sin nadie más a quién responsabilizar, me trago la amargura de ver TODO ese empeño vertido en una personita que aparenta (con gran éxito) no quererme. Uy sí, qué tristeza y con la sombra del DíadelaMadre todavía sobre mi. Mmmf! Respiro.

¡Puras babas! Confieso que comencé a escribir con cierta pica, Ok! pero, ¡vamos! ¿quién no ha sido así con sus padres aunque sea por 5 miserables minutos? Sí, puede que no todos pero existen pues.

¡Existimos! y no somos los más malos del planeta. Simplemente sucede que no todo el mundo adquiere pronto esa cosa peluda llamada "madurez", "conciencia" o como michi se llame a ese modo maravilloso de comportarte con tus padres. Hay personas que pasamos por la adolescencia con la cabeza llena de pedos. Lo tenemos todo revuelto, nos revientan miles de cosas, no entendemos otro tanto y como los que están pegados a uno como chicle, son esos dos babosos con cara de estar tan perdidos como uno... pues la agarramos con ellos. ¿Injusto? ¡Clarines!
También clarines que, a veces, esa mirada perdidilla en la cara de quien nos cambió los pañales hediondos, como que enternece y nos vemos acercándonos, metiéndoles la cabeza en un amago de cariño, con la sonrisa torcida de quien no está acostumbrado a sonreir, al menos no a sus padres. Eso pasa. No a menudo, no con la frecuencia que ellos quisieran (seamos honestos: que nosotros quisiéramos) pero pasa. Llega un abrazo a la vieja mientras lava los platos que nosotros (tremendos boludazos) debiéramos lavar, un abrazo torpe por la falta de ejercicio pero sincero. Y cuando ella deja los platos (con gran rapidez, hay que decirlo porque es ella, la del déficit de eficiencia para todo lo que sea el manejo de una casa) y nos abraza y nos llena de besos... volvemos a tener 5 años y recordamos que "ese" era el lugar seguro. ¡¿Cómo diablos lo olvidamos?!

Y así, todo regresa al punto de partida. Al hecho de ¿cómo le das la responsabilidad de criar un ser humano a gentes tan torpes para balancear el amor y el sentido común? Es que nadie nos la dio. Nosotros la tomamos y hacemos lo que podemos, pues. Criar al Enano es un reto, un GRAN reto. Pero está lleno de emoción, aventura, desafíos, extremos. No, no, no cambiaría esta vida por nada, ¿Un niño dócil? ¡¡¿qué es eso?!! ¿Un adolescente sensato? ¡¡¿con qué se come eso?!! Y por favor, no soy la idiota que no apreciaría un modo "menos extremo" en mi hijo, no soy la masoquista que aprecia el desprecio. Pero resulta que esa criatura es grandiosa en su singularidad, el bocado difícil de apreciar por la complejidad de sus ingredientes, diseñado para paladares exquisitos. Esa criatura es divertida, ingeniosa, única. Salió de mi, de la combinación química con el amor de mi vida. Que mi cara se acostumbre a las arrugas de tanto fruncir el ceño, porque (si no hay botox de por medio) se quedarán ahí mientras tenga algo acalorado que discutir con mi hijo.
¡Feliz Día de la Madre a mi! que me lo merezco todo, aunque sólo sea por escasos 5 minutos.


viernes, 23 de agosto de 2013

Consejos sobre "el vestir" para mujeres de "incierta" edad

Veo en la tele que están dando consejos sobre el vestir para mujeres adultas, "hechas y derechas" dice la conductora.
-"La mujer de ... -dice el diseñador invitado- debe usar zapatos de taco de un tamaño que les acomode, que se sientan cómodas de manejar" Y yo pienso en mis botas de caña XL (sí, las dalinas!) que compré en un arranque de placer absoluto al descubrir que me calzaban perrrrfectamente y me hacen las piernas kilométricas y, esto hay que gritarlo, ocultan con gran estilo mis RODILLAS!!!! Lo cierto es que, solo las uso cuando hacemos nuestros desfiles y en algún cumpleaños de alguna amiga, lo suficientemente cercana como para pasar el roche si es que de tanto brindar se me enredan las piernas y salgo disparada por algún lugar del vecindario.

-"La mujer adulta debe tener en su closet un abrigo como este (y muestra un horroroso sacón de Hagrid!) que combine con todo." Y yo pienso en mi abrigo tejido, hecho por estas manitas, peludazo y en un tono reconnnntra difícil de combinar, razón por la cual casi no lo uso, pero que AMO con locura.

-"La mujer de mediana edad, debe usar un largo de falda de acuerdo con sus años." Y yo sigo pensando en la musarañas... y en ese vestidito micro-mini que me puse la otra noche en la que celebramos, en petit comité, el cumpleaños de Madonna. Oh! sí, plush negro con aplicaciones de piedras y mostacillas en el borde del bajísimo cuello... mmm! hermoso!

-"La mujer mayor suele tener un estatus que le permite hacer buenas inversiones al comprar, tanto aquí como cuando viaja." Y yo, ahora sí, estoy de acuerdo en que TENGO que ir a Gamarra en estos días para comprar material y chequear algo por ahí, que siempre hay cosas interesantísimas que puedes usar como base e "intervenirlas" hasta conseguir algo único a un precio increíble, te lo digo sho!

-"La mujer grande, tiene que saber adecuar su estilo a su edad." Y aquí sí que estoy mas perdida que mis años mozos, porque hasta ahora, en mi fabulosa vida, no consigo "adecuarme" a nada ¡¡¡mucho menos a mi edad!!!

miércoles, 21 de agosto de 2013

Ejercicio de estiramiento

Me levanto por las mañanas y siento que mi día es una página en blanco. Abro los ojos, me estiro, despierto a cada uno de los elementos de mi cuerpo, los siento. Calibro mi espíritu porque será la tinta que escriba lo que ha de llenar esa página. Quiero tener la certeza de que lo que estoy escribiendo sea lo correcto, es decir, la suma de lo que quiero escribir y la forma precisa de hacerlo.
Quiero tener mas tiempo para que el conjunto de naderías que puebla mi rutina, pueda nadar a gusto en el mar de mi leve existencia. Suave existencia. Inocua existencia.
¿Inocua? ¿cómo podría ser inocua mi existencia siendo, como soy, madre?

Me levanto por las mañanas y siento que mi día es una página vista. Esto ya lo leí cien veces, pienso. Igual, no estoy segura si no me gusta o me aburre, o simplemente me gusta tanto que la leo cien veces. Me estiro, todavía con los ojos cerrados, postergando el momento de presenciarlo todo. Me estiro, si algo he aprendido bien en esta vida es a estirarme. Calibro mi espíritu de 6 años con mi cuerpo de 50. No me duele nada. Nada mas, que no reconocerme todavía en la tipa que me mira en el espejo sin photoshop del baño. Quiero tener la certeza de no preocuparme por lo que quiero escribir y cómo lo hago.
Quiero tener mas tiempo para que el conjunto de naderías que puebla mi rutina, pueda nadar a gusto en el mar de mi preciosa existencia. Amable existencia que se resiste a dejar el penúltimo lugar de la fila.

jueves, 15 de marzo de 2012

Piedras calientes en el horno

Te llamo para saludarte por tu cumpleaños y me contesta una voz de pasto, de arcilla; una voz que, lamentablemente, ha tomado el lugar de tus antiguos cascabeles.
Me hablas de miomas, de sangre, de pruebas, todo con el mismo hilo de pasto del primer aló. ¿En qué jodido momento nuestros saludos de "¡cuenta todo y exagera!" se convirtieron en esa masa boba de sonidos y palabras arcillosas que me recibió cuando marqué tu número?

¿Dónde está la loca del demonio que irrumpía (porque tu nunca "entrabas" en ningún lado, ¡tu irrumpías!) en casa trastocándolo todo en una orgía de risas estruendosas y megaplanes de diversión? "Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí ..."

A veces uno no siente el paso de la vida, y congelamos momentos creyendo que no se notará. Que la cámara continua mezclará suavemente los fotogramas que guardamos en la refri. Que lo virtual le ganará a lo real y que no hay nada que procesar porque la moledora existencial ya se encargó de hacerlo por nosotros. Pero cuando retiramos el pastel del horno sólo encontramos piedras calientes.

Hoy cumples algunos años más que yo, en una vida que le lleva mínimo tres reencarnaciones a la mía. Estás sola y no te sientes bien. Qué buena mierda, carajo.

Y la mañana estaba tan linda...

domingo, 4 de marzo de 2012

Soplidos en el pelo

Escucho esta canción y es como ver una película, una película nostálgica por supuesto. Yo también tuve una Mamma Maremma que se fue de la casa cuando yo todavía jugaba con muñecas y a la que recuerdo con infinito amor cada vez que escucho esta canción.
¿Cómo es que algunas canciones sirven de llaves que abren esas cerraduras que creíamos oxidadas?
Maravillas de la composición humana que siembra en nosotros semillas de plantas que germinan después de muchos años y resultan enormes árboles que nos protegerán de las sombras.
No recuerdo mucho de esos años (lo cual no es ningún misterio dada la cantidad de años que estoy viviendo! Aauch!) pero me llegan a retazos: las tortillas de espinaca, las travesuras encubiertas, y sus caricias en mi pelo acompañadas de suaves soplidos. Descubro entonces la prehistoria de mis hoy imprescindibles "piojitos" antes de dormir.
Ojalá algún día el Niño me recuerde con tanta ternura.

lunes, 16 de enero de 2012

¿Profecías? ¡Mi abuela!

No es que tenga la soberbia de ignorar el temor que genera en algunas personas las profecías de los mayas y demás hierbas, no. ¡¿Quién soy yo para pretender tener la razón en ese entuerto cósmico, o lo que sea?!
No sé qué michi haré el 21 de Diciembre. No tengo planes de hacer testamento, en primerísimo y único lugar, porque no tengo nada que heredar.

Al diablo con el fin del mundo, esa no es la hecatombe del año que me aterra.

Este año, en el mes de Setiembre... cumpliré una cifra grosera de años. ¡Una cifra obscena de años!
¡¿En qué puto momento pasó todo esto?!

(Aaaay! profundo lamento)

sábado, 31 de diciembre de 2011

3:57 a.m.

Son casi las cuatro de la madrugada del último día del año y yo no puedo dormir. Y no es que me agobien los líos existenciales que suelen asomar en estas fechas, no, "no hay paltas", ni listas interminables de propósitos que nunca cumplí en tantos años de vida y que por supuesto no tengo la menor intención de cumplirlos ahora. Simplemente sin sueño. Una vigilia tan simple y pura como el sueño de los niños.

Tengo una pierna de lechón macerando en la refri, una blusa y unos pumps rojos de infarto esperando la nochevieja, y dos bellos durmientes a mi lado (esta noche el Niño se autoinvitó a mi cuarto). Así las cosas, intentaré acudir al llamado de Morfeo (en realidad lo pienso cachetear para que se despabile y me llame finalmente!) y posaré mi cabeza en la almohada esperando que los dulces sueños lleguen a mi.

Año del fin del mundo, sé bueno con esta humilde servidora tan alérgica a las desgracias, o mejor, hazte un salto con tirabuzón y piérdete en el infinito. Y si de todas maneras tienes que venir, ten la delicadeza de hacerlo de un modo decente, sin grandilocuencias ni demás vulgaridades.
Supongo que se impone un ¡Feliz Año Nuevo!

martes, 27 de julio de 2010

A pocas horas ...


... de la llegada del día de la Patria, unas breves líneas.

Acercándose a la mayoría de edad (el Bicentenario!) el guapísimo adolescente llamado Perú, se dispone celebrar un año más de vida (y, cielos, qué vida!!).
No sé si es sólo percepción mía pero lo siento más optimista que nunca.
¿Será que por fin se acerca a la edad en que dejamos de maletearnos y comenzamos a apreciarnos un poquito?

La mañana comienza y el Niño todavía duerme sus vacaciones, bien arropado en la infancia, mientras yo reviso por enésima vez la receta que el Hombre me dejó para la noche. ¿Finalmente venceré el miedo de exponer mis limitadísimas artes culinarias, en la pasarela gastronómica de la Noche de la Comida Peruana? Desde el face me alientan y me siento envalentonada ... pero también intimidada, todo el mundo vendrá con sus mejores recetas, el Hombre no tuvo tiempo de cocinar y a mi me mata dejar el nombre de mi reino por los suelos. ¡¿Dónde carajos está Gastón cuando se le necesita?!

No hay tiempo! el Niño despertó y el desayuno reclamó (por Tutatis qué métrica!) ni modo, haré lo que hago siempre: Vestida con mi mejor actitud, me lanzo a los leones!

... y que Viva el Perú, carajo!!

martes, 18 de mayo de 2010

Gerundios


Tomando desayuno en el barrio chino: siu mai, chancho crujiente (nunca recuerdo el nombre!) y haaaarto té jazmín; tropezando con "el" pantalón en una galería de Capón (y el Hombre apresurándose a comprármelo, cómo lo amooo!); buceando por libros en Quilca (con terror cada vez que él se acerca a "otro" de cocina!), escogiendo blu-ray(s) en Polvos para verlos luego abrazados en el sofá, mientras el jefe-niño atormenta a sus profesoras en el cole y nos da un descanso a nosotros (Uf!); irritando con nuestras sonrisas jojoletas a los inquilinos temporales del centro, esos que están ahí por trabajo, mientras que nosotros caminamos besándonos, admirando edificios, plazas y faroles; comprobando que mi mano encaja a la perfección en la suya ... y que, a pesar de los dieciocho años juntos, o talvez gracias a ellos: no hay otro lugar en el mundo que a su lado, otra compañía que la suya, otra prioridad que nuestra pequeña historia.


"Monday, monday, so good to me!"

miércoles, 28 de abril de 2010

Un paseo por las teclas

El calor agobiante va cediendo su lugar a las mañanas frescas y las tardes de mangas largas de algodón. Felizmente el sol, con todo lo estridente que lució en verano, no ha dejado el estrado y se impone todavía a la panza de burro hibernal.
Lo cierto es que tanto deslumbre ¡ya me tenía cojuda! ... sí, más!

Habiendo retornado a la posesión de mi tiempo matinal y con tanto rollo en el cerebro que, pobre, todavía no termina de procesar algunos escollos y tanta letargia estival, heme aquí (aquí heme, camotillo!) conduciendo mis pasos sonámbulamente hacia el tecleo banal, haciendo eco al inmenso espacio que rodea mi neurona; hija única, engreída, pretenciosa, dueña y ama del universo que la rodea.

La mañana recién comienza, es hora de tomar la primera taza de café.
¡No tan amargo por favor!

jueves, 1 de octubre de 2009

Comité de Aula

Acabo de regresar de la reunión de comité de aula del colegio del niño a la que fui invitada en mi calidad de secretaria. ¡Una vaina total!

Resulta que a comienzos de año, empujada por un entusiasmo que a veces no puedo controlar y mi enorme bocota (hay que decirlo) fui la primera boba que levantó la mano cuando pidieron voluntarios para el dichoso comité. Todo iba estupendamente bien, la gente me amó instantáneamente, me propusieron como presidenta pero en un arranque de modestia que hasta ahora no comprendo, me ofrecí como secretaria. La única persona que conocía desde el nido se vio arrastrada por mi al puesto de tesorera y como presidenta una angurrienta que también es presidenta del salón de su otro hijo, en fin.
Primera actividad del comité: Día de la Madre. Este pechito se puso de pié y presentó su propuesta.

-"¿Qué les parece si este año hacemos algo divertido con las canastas?; cuando mi hijo estaba en el nido inicié una sanísima costumbre que después otros salones adoptaron: en lugar de las tradicionales canastas de víveres, sorteamos canastas de productos de belleza."

Grandes aplausos, vivas y hasta propuestas para la presidencia de la república. Todas comentaban con entusiasmo y proponían cremas, champús, bisutería y demás sonseras que nos alejen de la condición de cocineras y nos acerquen a la verdadera: las diosas de nuestros propios hogares. Mientras pasaba por las carpetas recolectando e-mails y teléfonos, todos me sonreían cautivados por esa manera mía tan fina de librarlos del sorteo para ser parte del comité.
El Hombre, que esa noche como nunca me acompañó, me dijo cuando regresábamos a casa que me las había metido a todas en el bolsillo. Yo sonreía feliz, con los bolsillos llenos.

Acercándose la fecha, me encontré con la presidenta (de la purita casualidad porque casi nunca voy al cole) y le pregunté cuándo nos reuniríamos para coordinar el asunto de las canastas. Me miró con su cara de "a mi no me conquistaste, querida" (creo que nunca me perdonó que la gente se entusiasmara más conmigo que con ella) y me dijo que teníamos que ir al mercado para averiguar los precios. ¡¿Al mercado?! Dijo ¿mercado? ... Whaaaaat?

-Perdón, pero ¿para qué tendríamos que ir al mercado?

-para averiguar los precios de los víveres, pues!

-¿víveres? ... pero no habíamos quedado en que ...

-ah! lo de los cosméticos; si, mira ... lo que pasa es que no todas estuvieron de acuerdo.

-(whaaaat?)

-es que estuve conversando con las otras mamás y piensan que no todas tenemos el mismo tipo de piel y los niños quieren sus fideos, osea los víveres! ...

-perdón pero ya habíamos acordado en la reunión

-es que te faltó hacer firmar el acuerdo

-pero si fue unánime!!

-mira, eso es lo que me han dicho

-y ¿cuando se reunieron?

-no, yo les he estado preguntando una por una

-...!!!

No lo podía creer, ¡había sido boicoteada desde mi propio comité!. A partir de ese día la volví a ver siempre acompañada por una bajita que la seguía a sol y sombra.
Tengo el horrible defecto de ser una insecta cobarde y sonsonaza así que la siguiente vez que pude abrir la boca para otra cosa que no sea asombrarme, le dije que mejor de las canastas se encargue ella y la (enana de merde) señora que al parecer hacía las veces de su asistonta o algo por el estilo. Quedamos en eso. Para el Día de la Madre, tres mamás de mi salón se fueron a sus casas con el mercado de la semana.

No entiendo a la gente, no entiendo a cierta gente. Después me enteré que efectivamente algunas (sólo algunas) mamás no estaban del todo de acuerdo (¿con las canastas? ¿con los productos de belleza? ¿con poner los productos dentro de las canastas?¿...?) pero que en ese momento se sintieron cortas de expresar su opinión y se contagiaron de mi entusiasmo y patatí y patatá. ¡Cómo oooooodio eso!. El típico "callo ahora, rajo después" que es el invitado de honor en casi cualquier evento en el que se deban tomar decisiones.
Si a la experiencia de ser madre se le pudiera extraer el asunto de tener que lidiar con personas con las que jamás te tomarías ... ni un poco de aire ... pero ni modo, ¡los niños tienen que ir al colegio!

En la reunión de hoy sólo me presenté yo, las otras brillaron por su ausencia. Ese es otro vainón; el tiempo de las que nos quedamos en casa no vale ni mierda al lado del de las que "trabajan". Osea, a mi me pueden plantar todo lo que quieran porque no hago ni michi con mi vida (¡¿cómo diablos se enteraron?!) pero a ellas ni les toques sus preciosos minutos ... porque No pues!

Si alguna vez en la vida debo aprender algo es a dejar el entusiasmo en casa cuando vaya el próximo año a la primera reunión de aula, y no es que sea la boba que se entusiasma por todo, soy la boba que se entusiasma con todo lo que tenga que ver con mi hijo, pero ¿comité de aula? ni más!

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Bebé

Cuando era niña, mi mayor fantasía ligada a la naturaleza eran los pajaritos. Imaginaba lo fantástico que debía ser poder acariciar uno de esos bichitos que revoloteaban por el jardín; hacerles piojito, rascarles la pancita, darles besitos.
Después de mucha agua corrida bajo el puente, mi sueño se hizo realidad: llegó Bebé.
Tan chiquito y bonito como lo imaginé, hasta con el plus del celeste intenso de su plumaje. Cuando lo descubrimos por primera vez en el nido (chiquito y calato) moviéndose a ciegas, el único sobreviviente de su nidada, el amor se instaló en nosotros, y desde que se llenó de plumas, tan celestes como el mejor cielo (no el de Lima, ciertamente), se convirtió en mi compañero matinal. Todos los días, después de hacer la finta de cumplir mis obligaciones cotidianas, lo sacaba de la jaula y lo instalaba en mi hombro; desde ahí veíamos películas (que comentaba con él en voz alta, para desconcierto del par de moscas que bailaban sobre la mesita de centro estas últimas semanas), a veces se pasaba de mi hombro a mis palitos de tejer, entonces lo cogía con suavidad (estos bichitos son muy frágiles) y antes de regresarlo a su sitio, aprovechaba el momento para comérmelo a besos, hacerle piojito y rascarle la pancita, tal como mis séis años me lo dictaban.

Para resumir, porque el dolor engarrota mis torpes dedos sobre el teclado y esto ya se está volviendo más que insoportable: Sol, la madre, decidió que Bebé era muy débil y a pesar de eso (de algún extraño modo que nunca entenderé) amenazaba a las nuevas crías así que el domingo por la tarde lo picoteó sin que nos diéramos cuenta.

Bebé murió en mis manos, abrigado por mis dedos, bañado por mis lágrimas y mezclando su último aliento con mis besos.

Supongo que aquí es cuando se acaban las palabras.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Una adolescente de cuarenta ...

... y pico.

Porque, como a cualquier adolescente, la inmadurez me persigue adonde quiera que vaya y cual sombra fiel. Pasan los años y no consigo espantarla. Terminé todo lo que quise estudiar (Ok!: terminé la etapa en la que quise estudiar algo), me ilusioné, me equivoqué, me enamoré, me casé, tuve un hijo (felizmente lo puse en ese orden Uff!), inicié un negocio que más parece una justificación y que tampoco termino de tomar en serio, en fin, me pasaron cosas; eso podría dar indicios de un acercamiento a esa vaina que se llama madurez pero ... no pues, nunca es suficiente.

El mundo es impaciente con los inmaduros. Cuando somos padres decimos: "¡¿cuándo vas a madurar?!" sí, esas mismas personas que en presencia de otros padres confesamos que quisiéramos que nuestros hijos nunca crezcan, que sean siempre los mismos niños que iluminan nuestras vidas y a los que hay que fregarles las suyas.
Cuando somos pareja le aceptamos todo al otro, todititiiito pero que ni se asome un resquicio de inmadurez porque "eso" es inaceptable, osea: engáñame, humíllame, azótame, pero como adulto, caracho! Cuando somos mayores la cosa se pone peor, apenas toleramos los síntomas de inmadurez en los jóvenes y sencillamente no los soportamos en nuestros contemporáneos Aaagh! huácala!

No hay nada peor que la mirada de desprecio de alguien que, instalado en la cúspide de su vida (se supone que ese es el rango de edad al que pertenezco, con todo controlado: profesión, estatus, prole y demás hierbas) te lanza cuando dejas entrever los hilos de tu inmadurez en su presencia. Nunca te sientes tan incomprendido, tan torpe, tan solo.

¿Por qué la madurez en los jóvenes es tan bien vista mientras que la inmadurez en los adultos es tan despreciable? ¿por qué debiéramos tenerlo todo bajo control cuando somos grandes? ¿por qué no inspiramos siquiera ternura? (Aaaay!)

Quisiera pensar que todo es un malentendido, que la velocidad de la vida hace que seamos incomprendidos. Los inmaduros no somos esos bobos que se niegan a crecer y aceptar responsabilidades de gente grande (Ok! ... un poco!) , los inmaduros somos personas en proceso.
En algún momento nos llegará la hora pero nada nos impide engolosinarnos en este instante, quedar absortos en la antesala.
Si lo irremediable es la madurez ¿por qué no saborear leeentamente el precioso proceso que nos llevará a ella?

"Los hijos te harán madurar" ¿cuántas veces hemos escuchado eso?. Yo tengo un hijo y ni por equivocación veo rastros de madurez en mi, a lo más: sentido común y en la medida justa para hacer de mi la madre que todos tienen y que nadie quiere (bueno, ¡ni tanto!). Al fin y al cabo, todos hemos sufrido las torpezas de nuestros padres al criarnos (¡algunos hasta crueldades! felizmente no es mi caso) todos hemos sido hijos de alguien en proceso, y eso no nos ha impedido crecer, vivir, amar. ¡¿Quién en esta vida no tiene problemas derivados de la inmadurez de sus padres al criarlos?!

Todo esto porque se acerca mi cumple y con ello la avalancha de pliegos de reclamos (¡ojalá fueran regalos!) que me hago a mi misma desde el otro lado del espejo (el lado más aburrido del espejo, dicho sea de paso) ¿será que me estoy haciendo mayor y por eso mismo ya no me soporto? Contra! y recontra! (por si las dudas).
Es que, en el fondo de mi alma ... ¡yo no quiero crecer! (esto ya parece el manifiesto de la gemela malvada de Peter Pan) y me niego a aceptar la madurez como regalo de cumpleaños Noooo! (yo quiero más botas, carteras, ropa estupenda que haga juego con mi estilo de vida: tan lindo, tan simple, tan banal) ... aunque, pensándolo bien, si quiero un regalo (es un decir: ¡quiero cientos!) un regalo muy especial que me haría la vida más fácil:

Dejar de cumplir años (¡sin tener que estar muerta!) y descubrir el jodido modo de ser tan inmadura como quiera sin tener que verme tan, pero tan, ridícula.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Sin talento para eso ...

... tampoco!

Estoy inútilmente marcando su cel para saludarlo después de haberme adelantado ayer. Es que recién hoy es su cumpleaños y ni cuenta me dí, marqué su cel y él, tan lindo, agradeció mi saludo seguramente pensando que peor es nada. Y se supone que es un gran amigo mío, yo, que casi no tengo amigos.
En realidad lo raro sería llamarlo el mismo día; nunca la achunto con mis amigos. Una cuenta pendiente, al parecer de por vida. Si en algo soy buena, es en fallarle a mis amigos.

¿Será que la superficialidad, mi leal compañera, me impide mantener unos, siquiera decentes, lazos de amistad? Ese terror por profundizar. ¿Detesto bucear en las cosas por temor a lo que pueda encontrar en el fondo? miedo ¿a qué?

Lo cierto es que soy una pésima amiga, especialista en defraudar. Nunca estoy en los momentos claves en las vidas de mis casi inexistentes amigos. Nunca hago la llamada a tiempo, nunca envío la tarjeta de cumpleaños, nunca voy al rescate de nadie. Es casi una letanía, enormemente aburrida.
Llega un momento en que pienso que nada de lo que haga podrá recompensar la falta cometida, ese estúpido punto de no retorno y sensación de fracaso. Entonces me llega al tuétano el asunto y me canso de martirizarme con mi deslealtad y mando todo al carajo del stand by. Ahí estamos, mis faltas amicales y yo por un buen tiempo, el suficiente para que mi lado de cerebro que funciona (a medias) reaccione y escriba la carta arrepentida, haga la llamada perdida y desenrede la madeja confundida de los hilos de la amistad, no siempre con éxito, claro.

Cuando era niña recuerdo que a la hora del recreo sufría grandes jaloneos de las niñas que querían estar conmigo (las niñas, a diferencia de los niños, no juegan en los recreos: están con sus amigas) no sé por qué, y a estas alturas no veo qué gracia tendría saberlo, o talvez si ...
A medida que fui creciendo me volví muy selectiva con las personas que se me acercaban, es por eso que nunca fui de las amigueras de la secundaria, universidad, ni de nada.
Producto de aquella "selección natural" comencé a tener a mis "únicas amigas". Se relevaban con el tiempo y el cambio de mis actividades-intereses, nunca podían coexistir, no sé por qué pero así se daban las cosas. Me doy cuenta de una característica no compartida por todas aunque sospechosamente presente: un olor a cierto acaparamiento.

Es así como se sucedieron mis grandes amigas, todas marcando el territorio de lo temporal en mi vida. Mi gran amiga del colegio, mi gran amiga del trabajo, mi gran amiga de la universidad, mi gran amigo del oficio. Los quise y los quiero, pero por una extraña razón (mandada sin dudas por el mal funcionamiento de mi cerebro y que nadie ose contradecirme porque me quedo sin argumentos!) no puedo estar a su altura. No doy la talla.

Es que la amistad, como todas las cosas importantes en esta vida, requiere de algo que no tengo y si lo tengo, seguramente está en cantidades muy limitadas, allá en el fondo de mi alacena existencial: compromiso.
Si pues, lo debo tener en cantidades limitadísimas porque, que yo sepa, sólo me siento comprometida con mi familia chiquita (el Hombre, el niño et moi). Ni siquiera la familia grande (mamá, hermanos) se salva de semejante escasez. Nunca me acuerdo del cumpleaños del primo lejano (ni siquiera del cercano!), no me acuerdo de los cumpleaños y punto, para eso están mis hermanas que se acuerdan hasta del de los vecinos. Casi nunca estoy presente en los bautizos, primeras comuniones, velorios y sus respectivos entierros. No me gustan mucho las reuniones familiares y siempre soy la primera en retirarme, despedida como siempre, por la mirada de desaprobación del resto de la familia que cree firmemente que me incineraré en el infierno del ostracismo. No soporto sentirme forzada a ese tipo de compromiso, Ok! a ningún tipo de compromiso! Sé también, que estoy condenada al futuro desapego al que hoy someto a mi familia grande. A mis amigos.

¿Pienso quedarme así? Me encantaría decir que si (sólo por mantener mi estatus de tontuela que tanto me costó adquirir) pero no. Quiero creer que el Compromiso es algo así como un músculo, que se puede ejercitar, expandir y contraer según la necesidad. La necesidad de mantener a mis amigos, por ejemplo, no es poca cosa y si para ello tengo que pasarme la vida entera en el gimnasio (con lo que lo detesto!) lo haré, a veces a regañadientes, pero lo haré.
Entonces, premunida de mis mallas y leotard de rigor (como odio el gimnasio, pretenderé estar en una clase de ballet) respiro, caliento ... y marco de nuevo.

viernes, 14 de agosto de 2009

He

He puesto a hervir unas hojas de eucalipto para darle la bienvenida al fin de semana; en la radio suena Santana y me trae recuerdos de la tía hippie que ahora vive en Europa. La recuerdo siempre tan estrambótica, creo que fue el único miembro de mi familia que fumaba marihuana. Su casa siempre olía a incienso y el desorden reinaba en cada rincón. Tengo la impresión que la gente más interesante de este mundo es desordenada (tengo la ilusión y la esperanza!). Siempre he sospechado de los seres ordenados, los admiro, pero sospecho de ellos.


He bailado desnuda, como siempre antes y después del baño. Pasando revista a cada pedazo de mi carcasa veo el paso del tiempo sobre mi amado cuerpo y aunque suelo ser muy crítica (¡por una cuestión de buen gusto!) al final termino reconciliándome con él. Sí, lo pienso bien y teniendo en cuenta que es el único que tengo y que tendré por el resto de mis días ... no está mal. Me ha dado grandes satisfacciones ... bueno, a mi y a algunos por ahí.

He dibujado mi máscara sobre la desolación de mi rostro mañanero. Tengo un rostro que no hace juego con mi carácter, ¡debería tener más cejas! (¡más ojos, menos nariz ...!), es por eso que cada mañana refuerzo a punta de lápiz y con gran esmero lo que será mi expresión del día. Si me siento bien, con lápiz de cejas, delineador de ojos y color en los labios bastará. Si me siento abatida por la injusticia de haber nacido fea, se impone toda la artillería de mi oficio de maquilladora, para el que, modestia aparte, soy buena.

He modelado frente al espejo el millón de ropa que tengo en el ropero y que casi nunca uso. Siempre la misma pose, el mismo lado de la cara, ¡es que no hay otro!. Tengo un ángulo pequeñísimo, casi microscópico, que resulta fotogénico. Es por eso que cada vez que detecto una cámara (con lo que me gustan las fotos!!) tengo que hacer malabares para ponerme en posición y cambiar de sitio con el que haya usurpado mi lugar. El resultado es el mismo: siempre la misma foto que se repite hasta el infinito.

He preparado café.

He saludado a los cuchis (los periquitos australianos del niño que son míos en secreto) y los he alimentado. Los tenemos hace dos años y hasta ahora no se habían reproducido. Las cosas estaban así: Pedrito, gay. Greisy, una amargada que odia a los machos. Turqui el macho alfa que le sacaba la michi al pobre Pedro, tan delicadito. Sol, la resbalosa.
Se suponía que los periquitos son monógamos y demás hierbas pero parece que Sol no leyó eso porque se daba besos con Pedrito (que resultó Bi) y también con Turqui, el resultado: Bebé.
Bebé nació la primera semana de Julio y es mi adoración.
Como la señora Sol tenía tremendos antecedentes fue un problema decidir con qué macho aislarla. Por cuestión de colores la separamos con Pedrito, pensando que el papel de futuro padre reafirmaría su virilidad. Sol es de un amarillo fulminante, Pedro es verde. Turqui , turquesa (obvio ¿no?) y la amarg... perdón, Greysi es celeste.
Bebé salió turquesa.
Cambio en el equipo, Pedro regresó con la solterona y Turqui resultó tan buen padre que hasta perdió algunas plumas del cuello. Pero ahí no termina la telenovela. Hay dos huevos en el nido, empollados por Sol ... que ahora se besuquea con Pedro delante del pobre y calvo Turqui.

He mirado alrededor, constatando que tengo que limpiar. He prendido la computadora.

lunes, 3 de agosto de 2009

¿Dónde estás Morfeo?

No puedo dormir. Entre las vacaciones forzadas del niño y mi nueva aventura cuasilaboral no he tenido tiempo de pasar por aquí. Ahora aprovecho que los chicos duermen y la máquina está solita para manosearla un rato.
Acaba de apagarse el motor de la refri y el silencio se impone ... claro que a lo lejos los ronquidos del Hombre siguen marcando territorio.

En medio de esta extraña y pasajera soledad se vienen a mi desvelada mente algunas cosas.

* Estoy feliz con el regreso (¡en grande!) del vóley pero no dejo de rumiar la mala suerte de tener que soportar al tal Butters y sus bodegueros comentarios (con perdón de los bodegueros pero no se me ocurre otra cosa, hace tiempo que no escribo ...) tan repetitivos, simplones y sexistas comentarios; porque escuchar una vez la alusión al totorrete de la señorita Uceda puede pasar como una pequeña muestra del nivel del periodismo deportivo peruano (taaan profesional y elegante!), pero escucharlo cada vez que la niña agarra pelota y encima con el agregado del narrador ... Nooo, piedad! Es que el hombre cree que está en la sala de su casa con sus amigotes de barrio y por lo menos media caja de chela en la cabeza. ¿Porqué Frecuencia Latina no se pone a la altura y aumentando el presupuesto, contrata a un profesional especialista en vóley? dicho sea de paso y ya que estoy en tono rajeril, ¿porqué los broadcasters locales (que en peruano se refiere más a los que administran los canales que a los que están frente a la cámara) piensan siempre que el haber sido deportista califica a cualquiera para ser un buen comunicador y es así como tenemos que soplarnos las risitas y las cuatro palabras de las viejas glorias de Seúl 88?

No puedo dejar de recordar cuando en la universidad jugábamos a reconocer a los que terminarían como periodistas deportivos. Era fácil reconocerlos: mediocres notas pero un floro de campeonato. Apasionados, melosos y monotemáticos; desayunaban, almorzaban y cenaban fútbol. Sensibleros, patrioteros y fabricantes de ídolos: fanáticos.

Estos días he estado prendida de la tele viendo todo el vóley que me debían pero no es justo; es el único deporte que sigo ... ¡¿por qué tengo que soportar a Phillip Butters?!


* Hablando de tener que soportar ... je je ... no es por nada pero ¿no cree alguien que ya estuvo bueno eso de las vacaciones por la gripe A(H1N1)?
Que no se me malinterprete, yo adoro a mi hijo (¡realmente lo amo!) pero he descubierto, no sin dolor (de cabeza especialmente!) que una cosa son las vacaciones en el verano, cuando el niño para tooodo el día en la calle o estamos en la otra casa y se pasa tooodo el día en la piscina y bueno, casi no nos vemos ...

El invierno es cruel. Obliga a los niños a quedarse en casa, torturando sin intención (...?...) a sus abnegadas y enclaustradas madres. No sé pero he experimentado en estas semanas un profundo amor por el colegio del niño.

(es la misma persona que escribe, la que soltará el lagrimón cuando la movilidad se lleve a su engendro al colegio la próxima semana, porque así de extraña y psicodélica es la maternidad y el que nunca vivió en este barrio no sabe lo que se pierde ... ni lo que se sufre, caracho!)


* Esto del taller de tejido me está gustando un chupo. El año pasado, a estas alturas, también estaba tejiendo (claro, no tanto!) y me la pasaba re-bien viendo pelis, tomando café y bien abrigadita en el sofá con los palitos en las manos; por supuesto que con la culpa de ser una mantenida pero afrontando con estoicismo el trance. Este año las cosas han cambiado. No puedo evitar sentirme algo así como realizada cuando recibo el dinerillo producto de las ventas de mis diseños. Todavía no llega el "chorreo" pero las gotas han sido suficientes como para alimentar al chanchito que espera en la alacena por el martillazo que a su vez lo realizará a él. Y, cómo no, para aumentar la colección de botas para desesperación del zapatero que ya no puede cerrar sus puertas.
Ya cerramos la temporada de Invierno y nos preparamos para la Primavera. Yo sólo espero que la perseverancia se deje de huevadas y se instale de una vez por todas en mis dominios.


Tengo un millón de cosas más por comentar pero siento movimiento en el cuarto y un atisbo de sueño que se cuela por mi ojo derecho. La noche está serena. Con un simple movimiento he pasado revista a mi diminuto hogar y el motor de la refri se ha puesto a funcionar nuevamente conminandome a arrastrar mi, ahora sí, cansado cuerpo hacia el lecho nupcial donde me espera mi amor.
Ah! ahí estabas Morfeo.

miércoles, 1 de julio de 2009

Brillo solar

El sol se cuela por el mes de Julio. Me encanta este mes, me gustan las Fiestas Patrias. Me gusta recordar, con el niño, mi infancia de banderitas y escarapelas. Aunque la vida luego se encargue de darte el pasaporte que desees, qué se yo: Perú, España, Planeta Tierra (el mío!) o ninguno; es bueno tener un pasado patriótico. Me encantan las calles blanquirrojas. Me fascina el ondear de las banderas al viento, no me canso de verlas, me detengo en cualquier lugar y las miro con agradecida alegría, lo que aumenta mi bagaje ridículo pero qué se hace!

Debería estar tejiendo (o lavando!) pero prefiero este rincón, por ahora. En cualquier momento me viene el ataque de pánico y, cual robotina, me disfrazo de ama de casa y voy al mercado-meto la ropa a la lavadora-paso la escoba-pongo una peli en el DVD ...
Tengo un dolorcillo en la cintura, producto del descanso al que fui sometida durante el fin de semana, de hamaca, campeonatos de Trompo y Tiro al Blanco. Al fin me salió el asunto de bailar el trompo, bueno, aunque fueran sólo cuatro de ... mil intentos! ahora puedo decir que no sólo bailo como trompo, también sé hacer bailar el trompo!. De esas cosas realmente importantes que hay que aprender en la vida.
El niño está feliz. La próxima vez que vayamos a la otra casa, continuaremos los campeonatos intensivos, con premios multimillonarios: monedas para el trompo, y chicles/frunas/snacks para el tiro al blanco. Regresamos con una bolsota de chatarritas que hemos guardado para el magno evento de Julio: El estreno de Harry Potter y el misterio del príncipe!
Los tres estamos con el countdown de rigor. El niño se mete a la cama con su librote y a pesar del millón de vistas, todavía no se cansa de ver cuanto tráiler (oficial o los otros: los de los fans, que suelen ser más creativos) aparezca en la red.

Este es el panorama por aquí. Tan lejos de Bagua y el Congreso, bloqueos y asesinatos. Seguramente si creyera en el infierno, habría uno aguardando por mi y mi asquerosa indiferencia. Hoy sólo sé que salió el sol y se coló en el primer día de Julio.
Voy por pasos.

lunes, 22 de junio de 2009

Dos viejos en el parque...

... caminando/apoyándose juntos. Desde hace algunos días los he visto y, en medio del ajetreo de mi nueva vida de Oh!ciosidad solapada (porque esto de vender lo que tejo es sólo otra forma de seguir viendo películas desde el abrigo de mi sofá con cierta justificación para ablandar la conciencia) he postergado la reflexión, el pie de foto.

Sin tiempo para hacerlo ahora, sólo quiero decir algo.
No sé cómo venga mi vida más adelante, no sé cómo me acompañe el cuerpo, ni siquiera sé si algún día cortaré el cordón umbilical que me ata al niño de esta manera tan melodramática (porque mi amor no sabe mucho de paz y sosiego, mi amor es tempestuoso y despiadado, sólo se calma cuando el niño duerme y yo lo admiro como la maravilla que es), no sé si algún día terminaré de encontrarme en medio del adolescente desorden de mi vida, de cama tapada y sábanas revueltas.
Viendo a esos viejos, caminando por mi parque en una mañana de invierno, como el invierno de sus propias vidas, a mi me entra un frío en el alma ...

No sé si quisiera verme en esa foto. Sólo pienso en el futuro cuando, en medio de la noche, me despiertan los rugidos del Hombre y ya no puedo volver a dormir. Y los pensamientos taladran mi cabeza, tan llena de sonseritas durante el día, y la verdadera ciencia-ficción da comienzo. Me aterra pensar de noche. Por las noches sólo asoman las sombras siniestras que bailan con mi otro yo una danza macabra, un tenebroso pas-de-deux que me excluye totalmente. No me gusta la música de ese baile, habría que matar al DJ, pienso para distraerme.

Se une al baile el niño (grande) que me odia por haber sido una madre tan incompetente y haberle jodido su vida sentimental con mi amor desbordante. Están también los cadáveres de mis seres queridos (ni siquiera me atrevo a nombrarlos) mirándome sin ojos. Yo quiero sacar a bailar al Hombre pero no lo encuentro y cruzo el salón evitando penas y enfermedades que bailan alocadas y, con la misma piedra en el pecho que me acompaña todas las noches de insomnio, llego cansada a una gran ventana desde donde se ve el parque. Ahí está el Hombre. Paseando de la mano con una vieja.

Entonces, sólo entonces, quisiera estar en esa foto. Tomar su vieja mano, poner su brazo sobre mis hombros y caminar sintiendo cómo su respiración calienta mi helada oreja.