jueves, 23 de abril de 2009

Tejiendo miedos

Es curioso cómo la supuesta fortaleza a veces viene del aislamiento, del no haber sido expuesta. Siempre me sentí fuerte, por encima de los golpes bajos, una sartén de teflón (de las buenas!). El mundo cotidiano, para los mortales; para mi, las rosas de una vida amable.

Este año comenzó con un estruendo, el terrible estruendo de la burbuja rompiéndose sobre mi.
La ventaja de vivir en las nubes, lejos de la realidad fea (la otra, es mi guarida), es que permite que todo lo que me atañe tenga calidad de Prime Time en mi vida, el resto son infomerciales que veo a través de mis pensamientos, siempre centrados en mi pequeño universo. La desventaja, es que cuando te llega la otra realidad te agarra desprevenida. Cuando, casi estrenando año nuevo, tuve el odioso incidente del primer crack, pensé que lo superaría en unos cuantos días. No fue así.

Lo recuerdo siempre. Siento que se ha sembrado en mi como una maldición; yo, que me declaro agnóstica, estoy hablando de "maldición", lo que, de otro modo, no debería tomarlo como contradicción: no soy atea. La duda me da el privilegio de abordar mi espiritualidad con esos matices.
Hasta he probado una especie de conjuro cada vez que me asalta el recuerdo. No estoy segura si está resultando pero no puedo negar que me da un aire estrambótico que combina muy bien conmigo.

Así las cosas, sucede lo del asalto. No voy a negar que este golpe me agarró bien parada, tanto que pude devolverlo (literalmente) multiplicado, sólo habría que preguntarle al choro. Es más, creo sinceramente que el sujeto recibió lo que le tenía guardado a la bruja. ¿Liberador? , un poco ... pero no suficiente.
Desde el asalto no he salido fuera de los linderos de mi aldea periférica. No ha sido necesario para sentirme secuestrada por el miedo.

No puedo sentir pasos detrás mío sin que el terror me erice la piel y me ponga a sudar como maratonista. No sé qué hubiera pasado si me tocaba la experiencia que cuenta Lu en su comentario del post anterior. Ojalá no tenga que saberlo nunca.

Debo reconocer que, aunque suene antipático, me siento como el superhéroe que pierde sus superpoderes. Antipático porque a todos nos golpea la vida y un entuerto con una bruja y un asalto, no son necesariamente como para pedir clemencia de rodillas; no quiero sonar, encima de antipática (que lo soy) , exagerada (que ... cielos, también lo soy!!), porque he tenido golpes verdaderos ¿qué clase de vida sería la mía si a mi edad no los hubiera tenido?, pero han venido de la propia vida, no de la maldad.
Siempre me he sentido con "buena estrella" o, en el peor de los casos (días pesimistas, que también los tengo) alguien lo suficientemente inofensivo como para provocar que los dioses juegen conmigo, no sé si me dejo entender.
Otra ventaja de vivir en las nubes, es que las ofensas y ciertas "malas leches" no llegan por estas alturas. Bueno, a veces, asoman.

Todo esto para decir que me siento horrible, y no es que esté parada frente al espejo o sentada en la peor silla de la casa (sí: je je) ... pero es como estar sin la capa (estoy segura que Superman si entiende esto) en medio de un cielo no tan propicio, y... antes de caer en picada, probaré un poco de mortalidad: me lavaré la cara, alzaré el volumen de la radio, me serviré el segundo café de la mañana y atacaré a los fantasmas con las filudas puntas de mis palitos de tejer.

viernes, 17 de abril de 2009

Sin tiempo para nada


Pasadas las vacaciones por el cumple del Hombre y la Semana Santa, los días se han vuelto insoportablemente cortos. Tengo un montón de lanas esperando por ser convertidas en "arte textil" (¡chompas!), tres juegos de palitos de tejer con sus respectivos trabajos a medias y grandes expectativas por lo que terminarán siendo. Eso me tiene alejada de la máquina ... la limpieza, el lavado, la cocina y las dos cajas que quedaron sueltas por la sala luego del último acomodo por la llegada del nuevo televisor que obligó a alterar el mueble que cobijaba al anterior.

En ese estado de cosas, ayer me robaron.



Gamarra. Fui con mis hermanas y mi sobrina en busca de las plumas para mi vestido strapless que me pondré esta noche, y luego de caminar por el "emporio", felices de ver tantas cosas lindas y baratas, tomamos un taxi. Íbamos cotorreando de lo lindo por las compras cuando fuimos atacadas por tres tipos (después nos daríamos cuenta que fueron más los que deambulaban por ahí), uno de los cuales metió medio cuerpo por la ventana del copiloto, donde estaba mi hermana y apagó el carro, felizmente el taxista reaccionó y no le permitió sacar las llaves. Fue entonces que escuché un grito a mi lado, era mi otra hermana que luchaba para que otro tipo no le abra la puerta desde la ventana del conductor, inmediatamente y como una alarma que se activa, yo también comencé a gritar, pero no fue lo único que hice.



Viendo al tipo que se había metido por la ventana del copiloto y luchaba con el taxista por las llaves, prácticamente encima de mi hermana, empecé a disparar una artillería de golpes a su cara, intenté jalarle el pelo pero lo tenía muy corto, le torcí la oreja de mil modos, mientras seguía dándole de golpes y gritaba al mismo tiempo. En ésas estaba cuando vino un tercer tipo y por la ventana de adelante abrió la puerta de atrás, donde estaba mi sobrina (veinteañera, jamás llevaríamos niños a Gamarra!) y tranquilamente me arrancó el canguro. Eso los alejó.



En medio de nuestros gritos que no se habían dado cuenta que los choros ya se habían ido con el botín (mi cangurito, recuerdo de Ecuador y la cartera de mi hermana, que estaba sentada adelante), el taxista pudo arrancar. Salimos disparados presas de la conmoción, los carros que pasaban a nuestro lado le recriminaban al taxista "¡cómo las traes por acá!" y otras cosas, pero creo que no había otra salida. Ya en camino a casa el taxista se lamentó de no haber llevado su revolver, resulta que era policía. Nosotras en realidad estábamos aliviadas, porque con un arma de por medio quizás las cosas hubieran empeorado en lugar de mejorar. En todo caso y después de todo, tuvimos suerte. O, talvez nos tocaron unos choros novatos que se intimidaron con nuestros gritos y por eso no usaron más violencia, porque el asunto fue "limpio" si se me permite la expresión; se llevaron lo que querían, sin golpes, ni insultos, ni toqueteos. Cuando pienso que pudieron cortarnos o algo por el estilo, se me eriza la piel.



Perdimos dos DNI, mi tarjeta, mi cel, llaves y los veinte soles de emergencia que siempre llevo con mi DNI ... y mis anteojos. Estoy escribiendo con unos antiguos que por lo menos me evitan el tener que digitar al tacto. Todas, cosas recuperables, menos el espantoso momento.

Un consuelo, gastamos hasta el último centavo (menos mis 20 de reserva) y todo lo que compramos estaba en la maletera ¡qué bueno que hicimos caso al taxista que nos insistió en no llevar bultos para evitar ... ¡¡que nos roben!!


Lecciones.

En primer lugar ¡nunca más ir a Gamarra!

... Ok ... todos sabemos que sí lo haré, entonces unas simples precauciones no están de más.


*No llevar las llaves de la casa, no sé por qué las llevé si en casa siempre queda alguien, llaves+DNI=invitación a casa para el choro, sólo faltaría la alfombra roja!.

*No llevar tarjetas, yo pensé que era mejor sacar el dinero allá mismo para no exponerme en el camino pero si te van a robar, mejor que sea efectivo y ahí quedó el asunto, felizmente el Hombre arregló eso al toque.

*Tomar auto y no station, si hubiéramos tomado el taxi anterior que nos pedía demasiado lo habríamos perdido todo porque no hay dónde esconder nada e igual rompían las lunas.

*No oponer resistencia, fue una tremenda imprudencia de mi parte agredir al tipo, puse en peligro a mi hermana precisamente tratando de defenderla, ¿no dicen que el infierno está lleno de buenas intenciones?

En cuanto a los gritos, creo que sí ayudaron, llamaron la atención y siento que de algún modo neutralizó el asalto. Ahora me revienta el no haber gritado ¡ahí viene la policía! para dar unos segundos al conductor y salir disparados, alguna vez escuché que eso había salvado a alguien.

*Es preferible morirte de calor y no bajar las ventanillas, mi hermana iba con la luna a la mitad y eso ayudó a que el choro meta el cuerpo. Aunque finalmente rompan la luna, no hay por qué darles la mínima ventaja.

*Fijar la ruta con anterioridad, a veces los taxistas podrían ser cómplices. En nuestro caso creemos que no y el hecho de haber neutralizado al que quería sacar la llave impidió que perdiéramos también las compras, eso sí que hubiera sido devastador! (sí, qué frívola pues!).


En vista de que ya casi no veo por estos lentes que no son de mi medida y encima tengo que preparar mi producción para el matri de esta noche (¡la vida continúa y pienso tomar como cosaca para expulsar el miedo!) continuaré con las lecciones en otro momento o es que ya no se me ocurren más.


Estoy en un estado de paranoia total, el menor ruido me altera. Anoche tuve que recurrir a mi antidepresivo favorito: dormí con el niño. Nada como sentir el dulce olor de su cuellito, la marea de su respiración en su pancita, su mano en mi cara, su preciosa mano espantando pesadillas y rateros no tan avezados. Amanecí como imagino que será el paraíso, mi propio paraíso:

triple cuchara con el niño y el Hombre a mis lados. Mis aliados, mis justicieros.

Esta mañana, antes de ir al colegio, el niño me dio dos monedas de diez céntimos,


-Mamá, disculpa que no tenga más, pero como te has quedado sin platita ...


Hay cosas que los rateros no te podrán robar jamás.

lunes, 30 de marzo de 2009

Esto no es sobre reggae

Luego de un fin de semana en el que descubrí que soy la que estaban buscando: ¡A mi no me gusta D´Onofrio! , (¡especialmente después de corretear en vano a una docena de heladeros porque mi enano sí creyó en el comercial!) y en el que también le dimos al ambientalismo apagando las luces y saliendo al parque para luego cerrar el evento con conversa de a tres en la sala iluminada con todas las velas que encontré (lo que aumentó el calentamiento, no sé si global pero si corporal!) y un pequeño festival de cuentos de terror ... (buuuuuh!) , terminamos la jornada viendo una peli que casi pasa desapercibida por mis antenitas de vinil: Marley y yo.

Una pequeña delicia.
Para comenzar: yo jamás podría ser crítica de cine. Para mi las películas son instrumentos que mueven los hilos de mis emociones, en el nivel más primario. Soy el tipo de espectador que se las cree todas, todiiiitas. Es por eso que no me considero cinéfila, soy de las otras: del grupete de las cinemeras. Con canchita y combos, risas y lágrimas sin roche, una vergüenza para cualquier despistado acompañante. Felizmente el Hombre no lo es. Él se solidariza conmigo y enjuga mis lágrimas, espera pacientemente que se acaben los créditos que no me resigno a perder y después, en casa o en algún café, escucha con interés todos los argumentos que la lluvia ocular se encargó de anticipar en la sala oscura.

Marley me sorprendió, esperaba cualquier cosa menos ese tratado sobre el amor incondicional (no hay otro más incondicional que el de los perros por sus amos, hasta las madres nos cuestionamos a veces, si no que lo diga el personaje de Jennifer Aniston que me hizo sentir menos sola en este mundo, Ufff!) y la crisis de los cuarenta con sus cuentas pendientes, postergaciones y renuncias con o sin culpas (tu eliges), la búsqueda de equilibrio entre tu trabajo, tu pasión y tu familia. ¿Se puede tener todo?, ¿se debe querer todo?
Podrías tener el perfecto trabajo, la perfecta familia, ¿por qué no la perfecta crisis?.
¿Se puede ser feliz dejando a los chicos en casa mientras desarrollas una brillante o mediocre carrera?, ¿puedes quedarte en casa, estar para tu familia y quemarte por dentro por todos los proyectos profesionales que dejaste a un lado?, ¿por qué cuesta tanto escoger, por qué tendríamos que hacerlo?

La vida no es fácil en ningún lado, así tengas la mejor de las vistas al abrir tu ventana, qué sé yo: el sol de Florida o los colores del otoño en Philadelphia, o talvez la cara agria de tu vecino con construcciones sin terminar por doquier, en un barrio cualquiera de Lima; la vida está del otro lado, tan cerca como tu familia, tan lejos como tus sueños. Es inútil mantener la constante pregunta ¿cómo sería si ...?
Quizá lo único que nos salve sea encontrar esa persona para la que seamos "extraordinarios" y encontrar "extraordinaria" a la persona que elegimos.
Querer como perros, que le dicen.

viernes, 27 de marzo de 2009

¡Con los pelos de punta!

Anoche soñé que el tetudo premiaba a los invasores de terrenos envolviéndoles en paquete de regalo los títulos que los alejaban de la legalidad/ que perdonaba las deudas de los morosos haciendo el respectivo jojolete a los monguitos que honramos nuestras deudas/ que rechazaba una donación extranjera para un Museo porque, en palabras de su monguistro de Defensa (¿contra el sentido común?), "hay cosas más urgentes", ¡como si esas cosas urgentes las tendrían que solucionar las donaciones de países amigos y no nuestro propio Gobierno!/ que una impresentable congresista (impresentable-congresista, ya es casi lo mismo ¿no?) le otorgaba una "distinción" a una fulana, por ser "provinciana"(?!!!) y no haber matado a nadie (más: ?!!!)/ que un pseudo-humano atropelló a una mujer, avanzó un kilómetro con un niño incrustado en el capot y que luego de deshacerse del niño intentó huir (debo interrumpir esto porque voy al baño a vomitar...)/ que la hija del tipo que renunció a la presidencia ¡por fax! y se hizo de la vista gorda (como toda ella) mientras su padre y el compinche de éste se almorzaban el país, encabeza las encuestas (del sector que generalmente elige) para las próximas elecciones presidenciales/ que una ola gigantesca se nos venía encima ...

-Fabu ... monita ... ¡despierta!
-... ¿Aaah?
-Tuviste una pesadilla
-¡Aaah!

Me levanto contenta por estar despierta y lejos de esa horrenda pesadilla, beso a mis chicos y me dispongo a comenzar el día como siempre, feliz de estar viva y taaan bien acompañada, cuando, al prender la tele, veo al tetudo ... en ... ¡¿pañales?!

...

(he tratado de colgar las imágenes respectivas, lamentablemente no las encontré en la web pero está en los noticieros, ¡lo juro! creo que fue en un evento en Huánuco, ayer ... o ... nunca me desperté y ... ¿sigo soñando? ¡Noooooo!)

miércoles, 18 de marzo de 2009

Tirándome la Pera*

El niño se puso mal. El lunes, después de dos días disfrutando (y bebiendo!) del mar, regresó del cole y me dijo "mamá, me siento mal". Como siempre, sospeché que quería saltarse el almuerzo para jugar y como nunca, le dije que no había problema, que almorzaría después. En ese momento debí darme cuenta que la falta de reflejos míos ante la "flagrante mentira" del niño era un presagio de que nada era como siempre.

A los cinco minutos, el niño entró al cuarto y vació todo el océano que se había tragado el fin de semana. Le dije, aliviada, que seguramente el heladito que le invitó su compañero a la salida del cole y que me confesó haber comido, le estaba pasando factura. "No te preocupes, mi amor, ahora te sentirás mejor". Le preparé un té digestivo que devolvió a los dos minutos. En total, vomitó tres veces antes que llamara a Aló Rimac. Resumiendo: lo llevamos a la clínica, donde pasamos la noche.


Tenía un cuadro de deshidratación que ameritaba internamiento, nos dijo la doctora. El Hombre me miró, lo miré y ambos miramos al niño. "¿Me voy a quedar?", preguntó con un hilo de voz. Enseguida se puso en funcionamiento esa maquinaria con la que venimos dotadas las mujeres y que se activa en cuanto la más mínima cosa relacionada con nuestros hijos se manifiesta. Yo juraba que no lo tenía, es más, algunas veces dudo seriamente haber sido embalada junto con semejante aparatejo. El lunes estuvo ahí.
Con mi mejor sonrisa, la misma que uso para sacar a los chicos de paseo los domingos ante la inminencia de un torneo de PS2, le dije al enano: "¡Qué bacán!, nunca nos hemos quedado a dormir en una clínica!", el niño enseguida me devolvió el entusiasmo (¡tenía que ser hijo mío!) y agregó

-"¿te quedas conmigo?"
-¡Por supuesto, ni loca me lo perdería!

Llegó el momento del piquete para la "vía" en el dorso de la mano, buen momento también para aclarar que soy la mujer más cobarde del mundo, la sola vista de una aguja me deja con temblores por varios días. Imaginar que le clavarían semejante agujón a mi muñeco me puso como gelatina. Usamos la técnica del soplido, inventada por el propio niño para las vacunas anuales contra la gripe, consiste en concentrarse en soplar mientras lo clavan a uno, así el piquete pasa borroneado y ¡en verdad funciona! Yo aproveché para sujetar su carita y besuquearlo mientras me soplaba la cara, ¡todo tiene un lado bueno ...!
Cuando terminó el asunto y mi hijo estaba con la sonda esa, le dije:

-¡Ahlaa, te pareces a Cyborg!

Él me miró sonriente, busqué al Hombre, para compartir el momento Kodak ... había desaparecido ... ¡hombres!

En fin, tuve que regresar a casa por algunas cosas, la verdad es que una vez llegada a la casa no tenía idea qué michi llevar. El enano me había pedido la cámara para mostrarle a sus primas cómo lo habían hincado. Metí en la mochila cinco muñecos de Star Wars, las cartas con las que jugamos al "Poto sucio" y los cepillos de dientes.

Una vez instalados en la habitación, le tomé un par de fotos mientras dormía, es entonces cuando sentí algo "extra" en el cuarto; el terror en la cara del Hombre. Distraída como estaba en minimizar el asunto y voltear la tortilla de los acontecimientos con el niño, no había reparado en lo asustado que estaba el padre. Lo malo es que el susto es contagioso.

Hay lecciones que uno no quisiera aprender nunca. Por ejemplo, podría pasar el resto de mi vida sin saber lo que significa vivir la enfermedad de un hijo, me refiero a una verdadera, no a una deshidratación que es perfectamente manejable en su momento. Yo no quiero ir a esa escuela. Prefiero la ignorancia. No quiero aprender a controlar el pánico de ver a un ser amado enfermar, sufrir, morir, para poder cuidar, acompañar, llorar.
Hay veces en que la ignorancia es preferible a la barbarie de la certeza, de ciertas certezas.

El niño está bien. Al día siguiente ya estaba pidiendo pizza americana por el intercomunicador a la enfermera. Para agilizar el trámite de alta, me acerqué a la estación de enfermeras y les dije "el niño ya sabe que está de alta así que si no se apuran les va a dejar la habitación como si hubieran pasado los Rolling Stones de los setentas". Me pasaron la factura al toque.

Es por eso que soy tan despistada para los asuntos cotidianos, por lo mismo que beso y abrazo a mi enano todo el día, que me gasto la plata en juguetes y dejo de pagar el cable, que vivo en "mi mundo" como dicen mis hermanas; porque una nunca sabe por que traidora esquina podría cruzarse con alguna "lección de vida" no solicitada. Felizmente, esta pequeña lección ya la aprobé.

(*Expresión usada cuando se falta al colegio sin justificación, algo que jamáaaas he hecho en mi vida ...)

sábado, 7 de marzo de 2009

Gracias, pero No!


Todos los años la misma vaina, llega el 8 de Marzo y comienza el desfile de: "Feliz día de la Mujer" ... grrr! y lo peor es que casi siempre el saludo viene de otras mujeres como yo. Seguramente bien intencionadas, pero totalmente despistadas, que creen que la fecha las incluye, cuando por lo único que hemos luchado es por bajar los rollos producto de las comilonas que les son negadas a las verdaderas homenajeadas, qué sé yo!

No sé porqué debiera sentirme identificada con el dichoso día si yo nunca luché por nada, nunca me sacrifiqué por nadie y por último, soy una mantenida por propia elección, así que ¡ya dejen de joder, caracho!

Y mejor, me pongo a hacer alguna manualidad.




Patchwork

(o, retazos de esa cosa llamada felicidad)


*Cuando cedieron las fiebres altas que acosaron al niño y nublaron la primera semana de vacaciones del Hombre.


*Cuando llegamos a la otra casa, la del jardín con frutales, hamaca con brisa marina (y algo de olor a establo, ya lo dije antes), mar cercano y el helado de lúcuma más rico del planeta.


*Cuando vimos por primera vez Tuquillo y el taxista local no cabía en su pellejo de orgullo mientras nosotros alabábamos la belleza de la playa.


*Cuando nos pasamos casi todo el día explorando Las Pocitas, sin bañarnos, sólo caminando, espiando pececillos, salpicándonos con las olas del mar de Ancash.


*Cuando llegamos al muelle de Huanchaco e inmediatamente, con mochilas a cuestas, nos pusimos a pescar mientras la sonrisa del niño competía (¡y ganaba!) en brillo con el sol poniente.


*Cuando, rezagada un poco para tomar fotos, pude observar a mis chicos felices ensartando muy-muys en los anzuelos.


*Cuando, animada y casi empujada por el Hombre, me subí a ese artefacto Moche, llamado Caballito de Totora y, cual Dama de Cao, dominé las olas de Huanchaco para pasar los cinco minutos más macanudos de los últimos tiempos.


*Cuando comimos ese estupendo tacu-tacu con seco de cabrito en El Mochica.


*Cuando entramos al bar de Gerardo Chávez y el niño nos sorprendió a todos pidiendo empanaditas y una copa de vino.


*Cuando tomamos café, leyendo los periódicos del domingo, mientras el niño seguía pescando en el muelle, ajeno a cualquier mala o buena noticia del mundo.


*Cuando el Hombre me dijo, bajito, que había sido una buena idea venir con el enano, mientras lo miraba caminar delante de nosotros y sentí ese brillo en sus ojos.
(Pasado el momento, me queda la colcha en Patchwork con la que me abrigo cuando el alma tiene frío).








lunes, 23 de febrero de 2009

Quiero agradecer a la Academia ...


Por la estupenda Ceremonia que me devolvió, en empaque inmejorable, a Billy Cristal. Porque nadie podrá negar que lo mejor que pudieron hacer (en aaaños!) fue escoger a mi adorado Hugh de anfitrión, era el toque que le hacía falta (a gritos!!) a la desgastada gala, esa chispa que Billy se llevó y nadie más pudo encender. Fue encantador su número de inicio, el hombre tiene ese carisma que sólo los grandes actores pueden pasear por cualquier escenario, ese Broadway que se hacía extrañar tanto, tanto. No puedo escribir más de Mr. Jackman porque sonaría a fan enamorada (que lo soy!) y es que me quedaría corta ante tanto despliegue de talento, y como si fuese poco: es guapísimo el desgraciado!!
Confieso que anoche estuve completamente eufórica, ¡creo que me gustó todo! Porque al margen de la elección de los ganadores (que se sabe: ¡nunca estaremos de acuerdo al 100%!) el show es tan protagonista como los premiados y este estuvo impecable. Me gustó especialmente la presencia de anteriores ganadores para la presentación de los premios a mejor Actor y Actor de Reparto. Parecía una secuencia de "Esta es tu Vida" que daban en la prehistoria de la tele (a ver si alguien se acuerda...), con cada presentador esforzándose por ver quién sacaba más lágrimas de su presentado, un toque emocional realmente efectivo, porque ya me hubieran visto a mi, emocionadísima, con la mano en el pecho, escuchando cada una de las palabras que salían de la boca de una estrella como si para mi fuesen dirigidas, Ay!. (al que se le ocurrió la idea deberían premiarlo también!).
Como en los viejos tiempos, cuando la Ceremonia contaba con la traducción aquí en Perú de Mr. Ludmir, fuimos testigos de un número de baile a lo Hollywood, que, de haber estado en el teatro, me hubiera levantado a mi del asiento para aplaudir (lo que no dejé de hacer en mi sala, por supuesto!) me pareció muy mezquino que la gente no se ponga de pie para aplaudir algo que no se veía en años y que quedó tan espectacular (buena, Lurhmann!), en fin!
¿Cómo me fue con la apuesta? ¡Gané! (creo que el top de lentejuelas y los zapatos dorados me trajeron una suerte maldita, porque arrasé!). Y aquí debo hacer una pausa para resaltar el estoicismo del Hombre ya que se trata de la apuesta número cuchumil que gano (je je) y de paso soltar un suspiro de alivio porque el Hombre apostó algo que está reñido con los derechos humanos de las mujeres en la mayoría de paises civilizados, Uff!