No es que tenga la soberbia de ignorar el temor que genera en algunas personas las profecías de los mayas y demás hierbas, no. ¡¿Quién soy yo para pretender tener la razón en ese entuerto cósmico, o lo que sea?!
No sé qué michi haré el 21 de Diciembre. No tengo planes de hacer testamento, en primerísimo y único lugar, porque no tengo nada que heredar.
Al diablo con el fin del mundo, esa no es la hecatombe del año que me aterra.
Este año, en el mes de Setiembre... cumpliré una cifra grosera de años. ¡Una cifra obscena de años!
¡¿En qué puto momento pasó todo esto?!
(Aaaay! profundo lamento)
lunes 16 de enero de 2012
sábado 31 de diciembre de 2011
3:57 a.m.
Son casi las cuatro de la madrugada del último día del año y yo no puedo dormir. Y no es que me agobien los líos existenciales que suelen asomar en estas fechas, no, "no hay paltas", ni listas interminables de propósitos que nunca cumplí en tantos años de vida y que por supuesto no tengo la menor intención de cumplirlos ahora. Simplemente sin sueño. Una vigilia tan simple y pura como el sueño de los niños.
Tengo una pierna de lechón macerando en la refri, una blusa y unos pumps rojos de infarto esperando la nochevieja, y dos bellos durmientes a mi lado (esta noche el Niño se autoinvitó a mi cuarto). Así las cosas, intentaré acudir al llamado de Morfeo (en realidad lo pienso cachetear para que se despabile y me llame finalmente!) y posaré mi cabeza en la almohada esperando que los dulces sueños lleguen a mi.
Año del fin del mundo, sé bueno con esta humilde servidora tan alérgica a las desgracias, o mejor, hazte un salto con tirabuzón y piérdete en el infinito. Y si de todas maneras tienes que venir, ten la delicadeza de hacerlo de un modo decente, sin grandilocuencias ni demás vulgaridades.
Supongo que se impone un ¡Feliz Año Nuevo!
Tengo una pierna de lechón macerando en la refri, una blusa y unos pumps rojos de infarto esperando la nochevieja, y dos bellos durmientes a mi lado (esta noche el Niño se autoinvitó a mi cuarto). Así las cosas, intentaré acudir al llamado de Morfeo (en realidad lo pienso cachetear para que se despabile y me llame finalmente!) y posaré mi cabeza en la almohada esperando que los dulces sueños lleguen a mi.
Año del fin del mundo, sé bueno con esta humilde servidora tan alérgica a las desgracias, o mejor, hazte un salto con tirabuzón y piérdete en el infinito. Y si de todas maneras tienes que venir, ten la delicadeza de hacerlo de un modo decente, sin grandilocuencias ni demás vulgaridades.
Supongo que se impone un ¡Feliz Año Nuevo!
martes 27 de julio de 2010
A pocas horas ...

... de la llegada del día de la Patria, unas breves líneas.
Acercándose a la mayoría de edad (el Bicentenario!) el guapísimo adolescente llamado Perú, se dispone celebrar un año más de vida (y, cielos, qué vida!!).
No sé si es sólo percepción mía pero lo siento más optimista que nunca.
¿Será que por fin se acerca a la edad en que dejamos de maletearnos y comenzamos a apreciarnos un poquito?
La mañana comienza y el Niño todavía duerme sus vacaciones, bien arropado en la infancia, mientras yo reviso por enésima vez la receta que el Hombre me dejó para la noche. ¿Finalmente venceré el miedo de exponer mis limitadísimas artes culinarias, en la pasarela gastronómica de la Noche de la Comida Peruana? Desde el face me alientan y me siento envalentonada ... pero también intimidada, todo el mundo vendrá con sus mejores recetas, el Hombre no tuvo tiempo de cocinar y a mi me mata dejar el nombre de mi reino por los suelos. ¡¿Dónde carajos está Gastón cuando se le necesita?!
No hay tiempo! el Niño despertó y el desayuno reclamó (por Tutatis qué métrica!) ni modo, haré lo que hago siempre: Vestida con mi mejor actitud, me lanzo a los leones!
... y que Viva el Perú, carajo!!
Acercándose a la mayoría de edad (el Bicentenario!) el guapísimo adolescente llamado Perú, se dispone celebrar un año más de vida (y, cielos, qué vida!!).
No sé si es sólo percepción mía pero lo siento más optimista que nunca.
¿Será que por fin se acerca a la edad en que dejamos de maletearnos y comenzamos a apreciarnos un poquito?
La mañana comienza y el Niño todavía duerme sus vacaciones, bien arropado en la infancia, mientras yo reviso por enésima vez la receta que el Hombre me dejó para la noche. ¿Finalmente venceré el miedo de exponer mis limitadísimas artes culinarias, en la pasarela gastronómica de la Noche de la Comida Peruana? Desde el face me alientan y me siento envalentonada ... pero también intimidada, todo el mundo vendrá con sus mejores recetas, el Hombre no tuvo tiempo de cocinar y a mi me mata dejar el nombre de mi reino por los suelos. ¡¿Dónde carajos está Gastón cuando se le necesita?!
No hay tiempo! el Niño despertó y el desayuno reclamó (por Tutatis qué métrica!) ni modo, haré lo que hago siempre: Vestida con mi mejor actitud, me lanzo a los leones!
... y que Viva el Perú, carajo!!
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Fiestas patrias
martes 18 de mayo de 2010
Gerundios

Tomando desayuno en el barrio chino: siu mai, chancho crujiente (nunca recuerdo el nombre!) y haaaarto té jazmín; tropezando con "el" pantalón en una galería de Capón (y el Hombre apresurándose a comprármelo, cómo lo amooo!); buceando por libros en Quilca (con terror cada vez que él se acerca a "otro" de cocina!), escogiendo blu-ray(s) en Polvos para verlos luego abrazados en el sofá, mientras el jefe-niño atormenta a sus profesoras en el cole y nos da un descanso a nosotros (Uf!); irritando con nuestras sonrisas jojoletas a los inquilinos temporales del centro, esos que están ahí por trabajo, mientras que nosotros caminamos besándonos, admirando edificios, plazas y faroles; comprobando que mi mano encaja a la perfección en la suya ... y que, a pesar de los dieciocho años juntos, o talvez gracias a ellos: no hay otro lugar en el mundo que a su lado, otra compañía que la suya, otra prioridad que nuestra pequeña historia.
"Monday, monday, so good to me!"
miércoles 28 de abril de 2010
Un paseo por las teclas
El calor agobiante va cediendo su lugar a las mañanas frescas y las tardes de mangas largas de algodón. Felizmente el sol, con todo lo estridente que lució en verano, no ha dejado el estrado y se impone todavía a la panza de burro hibernal.
Lo cierto es que tanto deslumbre ¡ya me tenía cojuda! ... sí, más!
Habiendo retornado a la posesión de mi tiempo matinal y con tanto rollo en el cerebro que, pobre, todavía no termina de procesar algunos escollos y tanta letargia estival, heme aquí (aquí heme, camotillo!) conduciendo mis pasos sonámbulamente hacia el tecleo banal, haciendo eco al inmenso espacio que rodea mi neurona; hija única, engreída, pretenciosa, dueña y ama del universo que la rodea.
La mañana recién comienza, es hora de tomar la primera taza de café.
¡No tan amargo por favor!
Lo cierto es que tanto deslumbre ¡ya me tenía cojuda! ... sí, más!
Habiendo retornado a la posesión de mi tiempo matinal y con tanto rollo en el cerebro que, pobre, todavía no termina de procesar algunos escollos y tanta letargia estival, heme aquí (aquí heme, camotillo!) conduciendo mis pasos sonámbulamente hacia el tecleo banal, haciendo eco al inmenso espacio que rodea mi neurona; hija única, engreída, pretenciosa, dueña y ama del universo que la rodea.
La mañana recién comienza, es hora de tomar la primera taza de café.
¡No tan amargo por favor!
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Ohtoño
jueves 1 de octubre de 2009
Comité de Aula
Acabo de regresar de la reunión de comité de aula del colegio del niño a la que fui invitada en mi calidad de secretaria. ¡Una vaina total!
Resulta que a comienzos de año, empujada por un entusiasmo que a veces no puedo controlar y mi enorme bocota (hay que decirlo) fui la primera boba que levantó la mano cuando pidieron voluntarios para el dichoso comité. Todo iba estupendamente bien, la gente me amó instantáneamente, me propusieron como presidenta pero en un arranque de modestia que hasta ahora no comprendo, me ofrecí como secretaria. La única persona que conocía desde el nido se vio arrastrada por mi al puesto de tesorera y como presidenta una angurrienta que también es presidenta del salón de su otro hijo, en fin.
Primera actividad del comité: Día de la Madre. Este pechito se puso de pié y presentó su propuesta.
-"¿Qué les parece si este año hacemos algo divertido con las canastas?; cuando mi hijo estaba en el nido inicié una sanísima costumbre que después otros salones adoptaron: en lugar de las tradicionales canastas de víveres, sorteamos canastas de productos de belleza."
Grandes aplausos, vivas y hasta propuestas para la presidencia de la república. Todas comentaban con entusiasmo y proponían cremas, champús, bisutería y demás sonseras que nos alejen de la condición de cocineras y nos acerquen a la verdadera: las diosas de nuestros propios hogares. Mientras pasaba por las carpetas recolectando e-mails y teléfonos, todos me sonreían cautivados por esa manera mía tan fina de librarlos del sorteo para ser parte del comité.
El Hombre, que esa noche como nunca me acompañó, me dijo cuando regresábamos a casa que me las había metido a todas en el bolsillo. Yo sonreía feliz, con los bolsillos llenos.
Acercándose la fecha, me encontré con la presidenta (de la purita casualidad porque casi nunca voy al cole) y le pregunté cuándo nos reuniríamos para coordinar el asunto de las canastas. Me miró con su cara de "a mi no me conquistaste, querida" (creo que nunca me perdonó que la gente se entusiasmara más conmigo que con ella) y me dijo que teníamos que ir al mercado para averiguar los precios. ¡¿Al mercado?! Dijo ¿mercado? ... Whaaaaat?
-Perdón, pero ¿para qué tendríamos que ir al mercado?
-para averiguar los precios de los víveres, pues!
-¿víveres? ... pero no habíamos quedado en que ...
-ah! lo de los cosméticos; si, mira ... lo que pasa es que no todas estuvieron de acuerdo.
-(whaaaat?)
-es que estuve conversando con las otras mamás y piensan que no todas tenemos el mismo tipo de piel y los niños quieren sus fideos, osea los víveres! ...
-perdón pero ya habíamos acordado en la reunión
-es que te faltó hacer firmar el acuerdo
-pero si fue unánime!!
-mira, eso es lo que me han dicho
-y ¿cuando se reunieron?
-no, yo les he estado preguntando una por una
-...!!!
No lo podía creer, ¡había sido boicoteada desde mi propio comité!. A partir de ese día la volví a ver siempre acompañada por una bajita que la seguía a sol y sombra.
Tengo el horrible defecto de ser una insecta cobarde y sonsonaza así que la siguiente vez que pude abrir la boca para otra cosa que no sea asombrarme, le dije que mejor de las canastas se encargue ella y la (enana de merde) señora que al parecer hacía las veces de su asistonta o algo por el estilo. Quedamos en eso. Para el Día de la Madre, tres mamás de mi salón se fueron a sus casas con el mercado de la semana.
No entiendo a la gente, no entiendo a cierta gente. Después me enteré que efectivamente algunas (sólo algunas) mamás no estaban del todo de acuerdo (¿con las canastas? ¿con los productos de belleza? ¿con poner los productos dentro de las canastas?¿...?) pero que en ese momento se sintieron cortas de expresar su opinión y se contagiaron de mi entusiasmo y patatí y patatá. ¡Cómo oooooodio eso!. El típico "callo ahora, rajo después" que es el invitado de honor en casi cualquier evento en el que se deban tomar decisiones.
Si a la experiencia de ser madre se le pudiera extraer el asunto de tener que lidiar con personas con las que jamás te tomarías ... ni un poco de aire ... pero ni modo, ¡los niños tienen que ir al colegio!
En la reunión de hoy sólo me presenté yo, las otras brillaron por su ausencia. Ese es otro vainón; el tiempo de las que nos quedamos en casa no vale ni mierda al lado del de las que "trabajan". Osea, a mi me pueden plantar todo lo que quieran porque no hago ni michi con mi vida (¡¿cómo diablos se enteraron?!) pero a ellas ni les toques sus preciosos minutos ... porque No pues!
Si alguna vez en la vida debo aprender algo es a dejar el entusiasmo en casa cuando vaya el próximo año a la primera reunión de aula, y no es que sea la boba que se entusiasma por todo, soy la boba que se entusiasma con todo lo que tenga que ver con mi hijo, pero ¿comité de aula? ni más!
Resulta que a comienzos de año, empujada por un entusiasmo que a veces no puedo controlar y mi enorme bocota (hay que decirlo) fui la primera boba que levantó la mano cuando pidieron voluntarios para el dichoso comité. Todo iba estupendamente bien, la gente me amó instantáneamente, me propusieron como presidenta pero en un arranque de modestia que hasta ahora no comprendo, me ofrecí como secretaria. La única persona que conocía desde el nido se vio arrastrada por mi al puesto de tesorera y como presidenta una angurrienta que también es presidenta del salón de su otro hijo, en fin.
Primera actividad del comité: Día de la Madre. Este pechito se puso de pié y presentó su propuesta.
-"¿Qué les parece si este año hacemos algo divertido con las canastas?; cuando mi hijo estaba en el nido inicié una sanísima costumbre que después otros salones adoptaron: en lugar de las tradicionales canastas de víveres, sorteamos canastas de productos de belleza."
Grandes aplausos, vivas y hasta propuestas para la presidencia de la república. Todas comentaban con entusiasmo y proponían cremas, champús, bisutería y demás sonseras que nos alejen de la condición de cocineras y nos acerquen a la verdadera: las diosas de nuestros propios hogares. Mientras pasaba por las carpetas recolectando e-mails y teléfonos, todos me sonreían cautivados por esa manera mía tan fina de librarlos del sorteo para ser parte del comité.
El Hombre, que esa noche como nunca me acompañó, me dijo cuando regresábamos a casa que me las había metido a todas en el bolsillo. Yo sonreía feliz, con los bolsillos llenos.
Acercándose la fecha, me encontré con la presidenta (de la purita casualidad porque casi nunca voy al cole) y le pregunté cuándo nos reuniríamos para coordinar el asunto de las canastas. Me miró con su cara de "a mi no me conquistaste, querida" (creo que nunca me perdonó que la gente se entusiasmara más conmigo que con ella) y me dijo que teníamos que ir al mercado para averiguar los precios. ¡¿Al mercado?! Dijo ¿mercado? ... Whaaaaat?
-Perdón, pero ¿para qué tendríamos que ir al mercado?
-para averiguar los precios de los víveres, pues!
-¿víveres? ... pero no habíamos quedado en que ...
-ah! lo de los cosméticos; si, mira ... lo que pasa es que no todas estuvieron de acuerdo.
-(whaaaat?)
-es que estuve conversando con las otras mamás y piensan que no todas tenemos el mismo tipo de piel y los niños quieren sus fideos, osea los víveres! ...
-perdón pero ya habíamos acordado en la reunión
-es que te faltó hacer firmar el acuerdo
-pero si fue unánime!!
-mira, eso es lo que me han dicho
-y ¿cuando se reunieron?
-no, yo les he estado preguntando una por una
-...!!!
No lo podía creer, ¡había sido boicoteada desde mi propio comité!. A partir de ese día la volví a ver siempre acompañada por una bajita que la seguía a sol y sombra.
Tengo el horrible defecto de ser una insecta cobarde y sonsonaza así que la siguiente vez que pude abrir la boca para otra cosa que no sea asombrarme, le dije que mejor de las canastas se encargue ella y la (enana de merde) señora que al parecer hacía las veces de su asistonta o algo por el estilo. Quedamos en eso. Para el Día de la Madre, tres mamás de mi salón se fueron a sus casas con el mercado de la semana.
No entiendo a la gente, no entiendo a cierta gente. Después me enteré que efectivamente algunas (sólo algunas) mamás no estaban del todo de acuerdo (¿con las canastas? ¿con los productos de belleza? ¿con poner los productos dentro de las canastas?¿...?) pero que en ese momento se sintieron cortas de expresar su opinión y se contagiaron de mi entusiasmo y patatí y patatá. ¡Cómo oooooodio eso!. El típico "callo ahora, rajo después" que es el invitado de honor en casi cualquier evento en el que se deban tomar decisiones.
Si a la experiencia de ser madre se le pudiera extraer el asunto de tener que lidiar con personas con las que jamás te tomarías ... ni un poco de aire ... pero ni modo, ¡los niños tienen que ir al colegio!
En la reunión de hoy sólo me presenté yo, las otras brillaron por su ausencia. Ese es otro vainón; el tiempo de las que nos quedamos en casa no vale ni mierda al lado del de las que "trabajan". Osea, a mi me pueden plantar todo lo que quieran porque no hago ni michi con mi vida (¡¿cómo diablos se enteraron?!) pero a ellas ni les toques sus preciosos minutos ... porque No pues!
Si alguna vez en la vida debo aprender algo es a dejar el entusiasmo en casa cuando vaya el próximo año a la primera reunión de aula, y no es que sea la boba que se entusiasma por todo, soy la boba que se entusiasma con todo lo que tenga que ver con mi hijo, pero ¿comité de aula? ni más!
miércoles 30 de septiembre de 2009
Bebé
Cuando era niña, mi mayor fantasía ligada a la naturaleza eran los pajaritos. Imaginaba lo fantástico que debía ser poder acariciar uno de esos bichitos que revoloteaban por el jardín; hacerles piojito, rascarles la pancita, darles besitos.Después de mucha agua corrida bajo el puente, mi sueño se hizo realidad: llegó Bebé.
Tan chiquito y bonito como lo imaginé, hasta con el plus del celeste intenso de su plumaje. Cuando lo descubrimos por primera vez en el nido (chiquito y calato) moviéndose a ciegas, el único sobreviviente de su nidada, el amor se instaló en nosotros, y desde que se llenó de plumas, tan celestes como el mejor cielo (no el de Lima, ciertamente), se convirtió en mi compañero matinal. Todos los días, después de hacer la finta de cumplir mis obligaciones cotidianas, lo sacaba de la jaula y lo instalaba en mi hombro; desde ahí veíamos películas (que comentaba con él en voz alta, para desconcierto del par de moscas que bailaban sobre la mesita de centro estas últimas semanas), a veces se pasaba de mi hombro a mis palitos de tejer, entonces lo cogía con suavidad (estos bichitos son muy frágiles) y antes de regresarlo a su sitio, aprovechaba el momento para comérmelo a besos, hacerle piojito y rascarle la pancita, tal como mis séis años me lo dictaban.
Para resumir, porque el dolor engarrota mis torpes dedos sobre el teclado y esto ya se está volviendo más que insoportable: Sol, la madre, decidió que Bebé era muy débil y a pesar de eso (de algún extraño modo que nunca entenderé) amenazaba a las nuevas crías así que el domingo por la tarde lo picoteó sin que nos diéramos cuenta.
Bebé murió en mis manos, abrigado por mis dedos, bañado por mis lágrimas y mezclando su último aliento con mis besos.
Supongo que aquí es cuando se acaban las palabras.
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