He puesto a hervir unas hojas de eucalipto para darle la bienvenida al fin de semana; en la radio suena Santana y me trae recuerdos de la tía hippie que ahora vive en Europa. La recuerdo siempre tan estrambótica, creo que fue el único miembro de mi familia que fumaba marihuana. Su casa siempre olía a incienso y el desorden reinaba en cada rincón. Tengo la impresión que la gente más interesante de este mundo es desordenada (tengo la ilusión y la esperanza!). Siempre he sospechado de los seres ordenados, los admiro, pero sospecho de ellos.
He bailado desnuda, como siempre antes y después del baño. Pasando revista a cada pedazo de mi carcasa veo el paso del tiempo sobre mi amado cuerpo y aunque suelo ser muy crítica (¡por una cuestión de buen gusto!) al final termino reconciliándome con él. Sí, lo pienso bien y teniendo en cuenta que es el único que tengo y que tendré por el resto de mis días ... no está mal. Me ha dado grandes satisfacciones ... bueno, a mi y a algunos por ahí.
He dibujado mi máscara sobre la desolación de mi rostro mañanero. Tengo un rostro que no hace juego con mi carácter, ¡debería tener más cejas! (¡más ojos, menos nariz ...!), es por eso que cada mañana refuerzo a punta de lápiz y con gran esmero lo que será mi expresión del día. Si me siento bien, con lápiz de cejas, delineador de ojos y color en los labios bastará. Si me siento abatida por la injusticia de haber nacido fea, se impone toda la artillería de mi oficio de maquilladora, para el que, modestia aparte, soy buena.
He modelado frente al espejo el millón de ropa que tengo en el ropero y que casi nunca uso. Siempre la misma pose, el mismo lado de la cara, ¡es que no hay otro!. Tengo un ángulo pequeñísimo, casi microscópico, que resulta fotogénico. Es por eso que cada vez que detecto una cámara (con lo que me gustan las fotos!!) tengo que hacer malabares para ponerme en posición y cambiar de sitio con el que haya usurpado mi lugar. El resultado es el mismo: siempre la misma foto que se repite hasta el infinito.
He preparado café.
He saludado a los cuchis (los periquitos australianos del niño que son míos en secreto) y los he alimentado. Los tenemos hace dos años y hasta ahora no se habían reproducido. Las cosas estaban así: Pedrito, gay. Greisy, una amargada que odia a los machos. Turqui el macho alfa que le sacaba la michi al pobre Pedro, tan delicadito. Sol, la resbalosa.
Se suponía que los periquitos son monógamos y demás hierbas pero parece que Sol no leyó eso porque se daba besos con Pedrito (que resultó Bi) y también con Turqui, el resultado: Bebé.
Bebé nació la primera semana de Julio y es mi adoración.
Como la señora Sol tenía tremendos antecedentes fue un problema decidir con qué macho aislarla. Por cuestión de colores la separamos con Pedrito, pensando que el papel de futuro padre reafirmaría su virilidad. Sol es de un amarillo fulminante, Pedro es verde. Turqui , turquesa (obvio ¿no?) y la amarg... perdón, Greysi es celeste.
Bebé salió turquesa.
Cambio en el equipo, Pedro regresó con la solterona y Turqui resultó tan buen padre que hasta perdió algunas plumas del cuello. Pero ahí no termina la telenovela. Hay dos huevos en el nido, empollados por Sol ... que ahora se besuquea con Pedro delante del pobre y calvo Turqui.
He mirado alrededor, constatando que tengo que limpiar. He prendido la computadora.
viernes, 14 de agosto de 2009
lunes, 3 de agosto de 2009
¿Dónde estás Morfeo?
No puedo dormir. Entre las vacaciones forzadas del niño y mi nueva aventura cuasilaboral no he tenido tiempo de pasar por aquí. Ahora aprovecho que los chicos duermen y la máquina está solita para manosearla un rato.
Acaba de apagarse el motor de la refri y el silencio se impone ... claro que a lo lejos los ronquidos del Hombre siguen marcando territorio.
En medio de esta extraña y pasajera soledad se vienen a mi desvelada mente algunas cosas.
* Estoy feliz con el regreso (¡en grande!) del vóley pero no dejo de rumiar la mala suerte de tener que soportar al tal Butters y sus bodegueros comentarios (con perdón de los bodegueros pero no se me ocurre otra cosa, hace tiempo que no escribo ...) tan repetitivos, simplones y sexistas comentarios; porque escuchar una vez la alusión al totorrete de la señorita Uceda puede pasar como una pequeña muestra del nivel del periodismo deportivo peruano (taaan profesional y elegante!), pero escucharlo cada vez que la niña agarra pelota y encima con el agregado del narrador ... Nooo, piedad! Es que el hombre cree que está en la sala de su casa con sus amigotes de barrio y por lo menos media caja de chela en la cabeza. ¿Porqué Frecuencia Latina no se pone a la altura y aumentando el presupuesto, contrata a un profesional especialista en vóley? dicho sea de paso y ya que estoy en tono rajeril, ¿porqué los broadcasters locales (que en peruano se refiere más a los que administran los canales que a los que están frente a la cámara) piensan siempre que el haber sido deportista califica a cualquiera para ser un buen comunicador y es así como tenemos que soplarnos las risitas y las cuatro palabras de las viejas glorias de Seúl 88?
No puedo dejar de recordar cuando en la universidad jugábamos a reconocer a los que terminarían como periodistas deportivos. Era fácil reconocerlos: mediocres notas pero un floro de campeonato. Apasionados, melosos y monotemáticos; desayunaban, almorzaban y cenaban fútbol. Sensibleros, patrioteros y fabricantes de ídolos: fanáticos.
Estos días he estado prendida de la tele viendo todo el vóley que me debían pero no es justo; es el único deporte que sigo ... ¡¿por qué tengo que soportar a Phillip Butters?!
* Hablando de tener que soportar ... je je ... no es por nada pero ¿no cree alguien que ya estuvo bueno eso de las vacaciones por la gripe A(H1N1)?
Que no se me malinterprete, yo adoro a mi hijo (¡realmente lo amo!) pero he descubierto, no sin dolor (de cabeza especialmente!) que una cosa son las vacaciones en el verano, cuando el niño para tooodo el día en la calle o estamos en la otra casa y se pasa tooodo el día en la piscina y bueno, casi no nos vemos ...
El invierno es cruel. Obliga a los niños a quedarse en casa, torturando sin intención (...?...) a sus abnegadas y enclaustradas madres. No sé pero he experimentado en estas semanas un profundo amor por el colegio del niño.
(es la misma persona que escribe, la que soltará el lagrimón cuando la movilidad se lleve a su engendro al colegio la próxima semana, porque así de extraña y psicodélica es la maternidad y el que nunca vivió en este barrio no sabe lo que se pierde ... ni lo que se sufre, caracho!)
* Esto del taller de tejido me está gustando un chupo. El año pasado, a estas alturas, también estaba tejiendo (claro, no tanto!) y me la pasaba re-bien viendo pelis, tomando café y bien abrigadita en el sofá con los palitos en las manos; por supuesto que con la culpa de ser una mantenida pero afrontando con estoicismo el trance. Este año las cosas han cambiado. No puedo evitar sentirme algo así como realizada cuando recibo el dinerillo producto de las ventas de mis diseños. Todavía no llega el "chorreo" pero las gotas han sido suficientes como para alimentar al chanchito que espera en la alacena por el martillazo que a su vez lo realizará a él. Y, cómo no, para aumentar la colección de botas para desesperación del zapatero que ya no puede cerrar sus puertas.
Ya cerramos la temporada de Invierno y nos preparamos para la Primavera. Yo sólo espero que la perseverancia se deje de huevadas y se instale de una vez por todas en mis dominios.
Tengo un millón de cosas más por comentar pero siento movimiento en el cuarto y un atisbo de sueño que se cuela por mi ojo derecho. La noche está serena. Con un simple movimiento he pasado revista a mi diminuto hogar y el motor de la refri se ha puesto a funcionar nuevamente conminandome a arrastrar mi, ahora sí, cansado cuerpo hacia el lecho nupcial donde me espera mi amor.
Ah! ahí estabas Morfeo.
Acaba de apagarse el motor de la refri y el silencio se impone ... claro que a lo lejos los ronquidos del Hombre siguen marcando territorio.
En medio de esta extraña y pasajera soledad se vienen a mi desvelada mente algunas cosas.
* Estoy feliz con el regreso (¡en grande!) del vóley pero no dejo de rumiar la mala suerte de tener que soportar al tal Butters y sus bodegueros comentarios (con perdón de los bodegueros pero no se me ocurre otra cosa, hace tiempo que no escribo ...) tan repetitivos, simplones y sexistas comentarios; porque escuchar una vez la alusión al totorrete de la señorita Uceda puede pasar como una pequeña muestra del nivel del periodismo deportivo peruano (taaan profesional y elegante!), pero escucharlo cada vez que la niña agarra pelota y encima con el agregado del narrador ... Nooo, piedad! Es que el hombre cree que está en la sala de su casa con sus amigotes de barrio y por lo menos media caja de chela en la cabeza. ¿Porqué Frecuencia Latina no se pone a la altura y aumentando el presupuesto, contrata a un profesional especialista en vóley? dicho sea de paso y ya que estoy en tono rajeril, ¿porqué los broadcasters locales (que en peruano se refiere más a los que administran los canales que a los que están frente a la cámara) piensan siempre que el haber sido deportista califica a cualquiera para ser un buen comunicador y es así como tenemos que soplarnos las risitas y las cuatro palabras de las viejas glorias de Seúl 88?
No puedo dejar de recordar cuando en la universidad jugábamos a reconocer a los que terminarían como periodistas deportivos. Era fácil reconocerlos: mediocres notas pero un floro de campeonato. Apasionados, melosos y monotemáticos; desayunaban, almorzaban y cenaban fútbol. Sensibleros, patrioteros y fabricantes de ídolos: fanáticos.
Estos días he estado prendida de la tele viendo todo el vóley que me debían pero no es justo; es el único deporte que sigo ... ¡¿por qué tengo que soportar a Phillip Butters?!
* Hablando de tener que soportar ... je je ... no es por nada pero ¿no cree alguien que ya estuvo bueno eso de las vacaciones por la gripe A(H1N1)?
Que no se me malinterprete, yo adoro a mi hijo (¡realmente lo amo!) pero he descubierto, no sin dolor (de cabeza especialmente!) que una cosa son las vacaciones en el verano, cuando el niño para tooodo el día en la calle o estamos en la otra casa y se pasa tooodo el día en la piscina y bueno, casi no nos vemos ...
El invierno es cruel. Obliga a los niños a quedarse en casa, torturando sin intención (...?...) a sus abnegadas y enclaustradas madres. No sé pero he experimentado en estas semanas un profundo amor por el colegio del niño.
(es la misma persona que escribe, la que soltará el lagrimón cuando la movilidad se lleve a su engendro al colegio la próxima semana, porque así de extraña y psicodélica es la maternidad y el que nunca vivió en este barrio no sabe lo que se pierde ... ni lo que se sufre, caracho!)
* Esto del taller de tejido me está gustando un chupo. El año pasado, a estas alturas, también estaba tejiendo (claro, no tanto!) y me la pasaba re-bien viendo pelis, tomando café y bien abrigadita en el sofá con los palitos en las manos; por supuesto que con la culpa de ser una mantenida pero afrontando con estoicismo el trance. Este año las cosas han cambiado. No puedo evitar sentirme algo así como realizada cuando recibo el dinerillo producto de las ventas de mis diseños. Todavía no llega el "chorreo" pero las gotas han sido suficientes como para alimentar al chanchito que espera en la alacena por el martillazo que a su vez lo realizará a él. Y, cómo no, para aumentar la colección de botas para desesperación del zapatero que ya no puede cerrar sus puertas.
Ya cerramos la temporada de Invierno y nos preparamos para la Primavera. Yo sólo espero que la perseverancia se deje de huevadas y se instale de una vez por todas en mis dominios.
Tengo un millón de cosas más por comentar pero siento movimiento en el cuarto y un atisbo de sueño que se cuela por mi ojo derecho. La noche está serena. Con un simple movimiento he pasado revista a mi diminuto hogar y el motor de la refri se ha puesto a funcionar nuevamente conminandome a arrastrar mi, ahora sí, cansado cuerpo hacia el lecho nupcial donde me espera mi amor.
Ah! ahí estabas Morfeo.
miércoles, 1 de julio de 2009
Brillo solar
El sol se cuela por el mes de Julio. Me encanta este mes, me gustan las Fiestas Patrias. Me gusta recordar, con el niño, mi infancia de banderitas y escarapelas. Aunque la vida luego se encargue de darte el pasaporte que desees, qué se yo: Perú, España, Planeta Tierra (el mío!) o ninguno; es bueno tener un pasado patriótico. Me encantan las calles blanquirrojas. Me fascina el ondear de las banderas al viento, no me canso de verlas, me detengo en cualquier lugar y las miro con agradecida alegría, lo que aumenta mi bagaje ridículo pero qué se hace!
Debería estar tejiendo (o lavando!) pero prefiero este rincón, por ahora. En cualquier momento me viene el ataque de pánico y, cual robotina, me disfrazo de ama de casa y voy al mercado-meto la ropa a la lavadora-paso la escoba-pongo una peli en el DVD ...
Tengo un dolorcillo en la cintura, producto del descanso al que fui sometida durante el fin de semana, de hamaca, campeonatos de Trompo y Tiro al Blanco. Al fin me salió el asunto de bailar el trompo, bueno, aunque fueran sólo cuatro de ... mil intentos! ahora puedo decir que no sólo bailo como trompo, también sé hacer bailar el trompo!. De esas cosas realmente importantes que hay que aprender en la vida.
El niño está feliz. La próxima vez que vayamos a la otra casa, continuaremos los campeonatos intensivos, con premios multimillonarios: monedas para el trompo, y chicles/frunas/snacks para el tiro al blanco. Regresamos con una bolsota de chatarritas que hemos guardado para el magno evento de Julio: El estreno de Harry Potter y el misterio del príncipe!
Los tres estamos con el countdown de rigor. El niño se mete a la cama con su librote y a pesar del millón de vistas, todavía no se cansa de ver cuanto tráiler (oficial o los otros: los de los fans, que suelen ser más creativos) aparezca en la red.
Este es el panorama por aquí. Tan lejos de Bagua y el Congreso, bloqueos y asesinatos. Seguramente si creyera en el infierno, habría uno aguardando por mi y mi asquerosa indiferencia. Hoy sólo sé que salió el sol y se coló en el primer día de Julio.
Voy por pasos.
Debería estar tejiendo (o lavando!) pero prefiero este rincón, por ahora. En cualquier momento me viene el ataque de pánico y, cual robotina, me disfrazo de ama de casa y voy al mercado-meto la ropa a la lavadora-paso la escoba-pongo una peli en el DVD ...
Tengo un dolorcillo en la cintura, producto del descanso al que fui sometida durante el fin de semana, de hamaca, campeonatos de Trompo y Tiro al Blanco. Al fin me salió el asunto de bailar el trompo, bueno, aunque fueran sólo cuatro de ... mil intentos! ahora puedo decir que no sólo bailo como trompo, también sé hacer bailar el trompo!. De esas cosas realmente importantes que hay que aprender en la vida.
El niño está feliz. La próxima vez que vayamos a la otra casa, continuaremos los campeonatos intensivos, con premios multimillonarios: monedas para el trompo, y chicles/frunas/snacks para el tiro al blanco. Regresamos con una bolsota de chatarritas que hemos guardado para el magno evento de Julio: El estreno de Harry Potter y el misterio del príncipe!
Los tres estamos con el countdown de rigor. El niño se mete a la cama con su librote y a pesar del millón de vistas, todavía no se cansa de ver cuanto tráiler (oficial o los otros: los de los fans, que suelen ser más creativos) aparezca en la red.
Este es el panorama por aquí. Tan lejos de Bagua y el Congreso, bloqueos y asesinatos. Seguramente si creyera en el infierno, habría uno aguardando por mi y mi asquerosa indiferencia. Hoy sólo sé que salió el sol y se coló en el primer día de Julio.
Voy por pasos.
lunes, 22 de junio de 2009
Dos viejos en el parque...
... caminando/apoyándose juntos. Desde hace algunos días los he visto y, en medio del ajetreo de mi nueva vida de Oh!ciosidad solapada (porque esto de vender lo que tejo es sólo otra forma de seguir viendo películas desde el abrigo de mi sofá con cierta justificación para ablandar la conciencia) he postergado la reflexión, el pie de foto.
Sin tiempo para hacerlo ahora, sólo quiero decir algo.
No sé cómo venga mi vida más adelante, no sé cómo me acompañe el cuerpo, ni siquiera sé si algún día cortaré el cordón umbilical que me ata al niño de esta manera tan melodramática (porque mi amor no sabe mucho de paz y sosiego, mi amor es tempestuoso y despiadado, sólo se calma cuando el niño duerme y yo lo admiro como la maravilla que es), no sé si algún día terminaré de encontrarme en medio del adolescente desorden de mi vida, de cama tapada y sábanas revueltas.
Viendo a esos viejos, caminando por mi parque en una mañana de invierno, como el invierno de sus propias vidas, a mi me entra un frío en el alma ...
No sé si quisiera verme en esa foto. Sólo pienso en el futuro cuando, en medio de la noche, me despiertan los rugidos del Hombre y ya no puedo volver a dormir. Y los pensamientos taladran mi cabeza, tan llena de sonseritas durante el día, y la verdadera ciencia-ficción da comienzo. Me aterra pensar de noche. Por las noches sólo asoman las sombras siniestras que bailan con mi otro yo una danza macabra, un tenebroso pas-de-deux que me excluye totalmente. No me gusta la música de ese baile, habría que matar al DJ, pienso para distraerme.
Se une al baile el niño (grande) que me odia por haber sido una madre tan incompetente y haberle jodido su vida sentimental con mi amor desbordante. Están también los cadáveres de mis seres queridos (ni siquiera me atrevo a nombrarlos) mirándome sin ojos. Yo quiero sacar a bailar al Hombre pero no lo encuentro y cruzo el salón evitando penas y enfermedades que bailan alocadas y, con la misma piedra en el pecho que me acompaña todas las noches de insomnio, llego cansada a una gran ventana desde donde se ve el parque. Ahí está el Hombre. Paseando de la mano con una vieja.
Entonces, sólo entonces, quisiera estar en esa foto. Tomar su vieja mano, poner su brazo sobre mis hombros y caminar sintiendo cómo su respiración calienta mi helada oreja.
Sin tiempo para hacerlo ahora, sólo quiero decir algo.
No sé cómo venga mi vida más adelante, no sé cómo me acompañe el cuerpo, ni siquiera sé si algún día cortaré el cordón umbilical que me ata al niño de esta manera tan melodramática (porque mi amor no sabe mucho de paz y sosiego, mi amor es tempestuoso y despiadado, sólo se calma cuando el niño duerme y yo lo admiro como la maravilla que es), no sé si algún día terminaré de encontrarme en medio del adolescente desorden de mi vida, de cama tapada y sábanas revueltas.
Viendo a esos viejos, caminando por mi parque en una mañana de invierno, como el invierno de sus propias vidas, a mi me entra un frío en el alma ...
No sé si quisiera verme en esa foto. Sólo pienso en el futuro cuando, en medio de la noche, me despiertan los rugidos del Hombre y ya no puedo volver a dormir. Y los pensamientos taladran mi cabeza, tan llena de sonseritas durante el día, y la verdadera ciencia-ficción da comienzo. Me aterra pensar de noche. Por las noches sólo asoman las sombras siniestras que bailan con mi otro yo una danza macabra, un tenebroso pas-de-deux que me excluye totalmente. No me gusta la música de ese baile, habría que matar al DJ, pienso para distraerme.
Se une al baile el niño (grande) que me odia por haber sido una madre tan incompetente y haberle jodido su vida sentimental con mi amor desbordante. Están también los cadáveres de mis seres queridos (ni siquiera me atrevo a nombrarlos) mirándome sin ojos. Yo quiero sacar a bailar al Hombre pero no lo encuentro y cruzo el salón evitando penas y enfermedades que bailan alocadas y, con la misma piedra en el pecho que me acompaña todas las noches de insomnio, llego cansada a una gran ventana desde donde se ve el parque. Ahí está el Hombre. Paseando de la mano con una vieja.
Entonces, sólo entonces, quisiera estar en esa foto. Tomar su vieja mano, poner su brazo sobre mis hombros y caminar sintiendo cómo su respiración calienta mi helada oreja.
miércoles, 20 de mayo de 2009
De cielo nublado y palitos de tejer
Al fin se tapó el sol, es que ya estaba haaaaarta de tanto brillo. No es que no me guste el sol, lo adoro, lo que pasa es que a estas alturas del año la "panza de burro" ya debiera estar instalada sobre la ciudad, ¿qué clase de Lima es esta que, bien metida en el mes de Mayo, todavía sigue con el sol del verano?
Debo aclarar que en este lado de la ciudad, donde están sentadas (que no asentadas) mis amplias bases, el sol suele ser un "caserito", pero eso no impide que seamos bañados por la misma panza que el resto de la gran Lima.
Hoy no. Aunque delgada y translúcida, la capa équida, está sobre mi cabeza, conminándome a tomar otra taza de café y encaminando mis pasos hacia este rincón de mis dominios tan abandonado últimamente.
Por estos días mi atención ha estado centrada en la creación de nuevas formas de abrigarnos sin perder un ápice de glamour en el intento: sí, tejer!
Junto a mi mami y hermanas, hemos resucitado el viejo taller familiar de donde salían chompas, ponchos, chalinas y casi cualquier cosa que se pueda hacer con una máquina de tejer, palitos y crochet. Por estos días nos encontramos tejiendo nuestras redes en la vieja tradición legada amorosamente por nuestra madre, algo así como el regreso de las arañas.
El afán ha sido tal, que hemos contagiado a los niños y durante estas vacaciones de primer bimestre, se instauró la hora del Club del Tejido. Durante la semana pasada, a las 6 de la tarde en punto, los niños (el enanito, un amiguito y su prima Jose) se sentaban en la sala y bien premunidos con palitos y lanas acometían la labor. Si he de ser sincera, la tejedera sólo duraba unos minutos, luego de los cuales el Club del Tejido se transformaba en el Club de los Jedis ... y los chicos terminaban correteando a la niña que escapaba de los filudos palitos-espadas láser muerta de risa.
Otra cosa que resucitamos fue el Desfile. A fines de los ochenta y comienzos de los noventa, cuando el taller estaba en pleno apogeo, instauramos la costumbre de organizar una pequeña "pasarela" en la sala de la casa. Por supuesto que yo fungía de Top Model en aquel amago de Fashion Week de barrio. Por nuestra pasarela desfilaron todas las amigas largiruchas, flacuchas y despistadas que asomaban por la casa. Cuando veo las fotos de aquellos días, me divierto horrores descubriendo la cantidad de amigas que cayeron en nuestras redes, felizmente, jamás literalmente.
Recuerdo que antes de comenzar el desfile, me secaba la jarra con el coctelito de fresa que nos subían a las "modelos" mientras esperábamos que se llene la sala para empezar. No recuerdo haberme sentido nunca tan nerviosa como en esos previos, imagino que por eso nunca terminé de emborracharme si se tiene en cuenta la cantidad de Pisco que, a esas alturas, corría por mis venas. Maldecía el momento en el que gracias a mi angurria y deseos de figuración, me adjudicaba la mayor cantidad de pasadas por la pasarela. Mientras los segundos para el inicio se acercaban yo seguía exprimiendo la dichosa jarra sin dejar de desplegar todo mi verbo florido, por supuesto. Para remate, obviamente que era yo quien encabezaba el desfile.
Ese segundo piso era un hervidero de nervios, gritos contenidos, ajetreos y enredos con la ropa, zapatos y accesorios. Abajo, en los últimos desfiles que hicimos, ya estaba el Hombre instalado al lado del equipo con la música apropiada. Más allá, papá ... con su vaso de whisky y su sonrisota aderezada de orgullo cada vez que pasaba a su lado ... y, cuando mis nervios estaban en su clímax y parecía que iba mandar todo a la mierda, Zaz!: "Fabu, tu turno" ...
Este año lo volvimos a hacer. Cuando bajé por las escaleras en mi primera pasada, alguien dijo por ahí: "Aquí está Fabu, quien se rehúsa a dejar las pasarelas..."
Si pues: me rehúso! y si no puedo ser Top Model de mi propia línea de ropa, no le veo la gracia al asunto. En los previos al desfile (backstage, que le dicen) les decía a mis sobrinas, las actuales reinas de la pasarela familiar, que la última vez que salí a modelar, era un palo, todavía no me había casado y modelaba la línea juvenil; ahora, el palo se ha rellenado (muy convenientemente a decir del Hombre), no sólo estoy casada: tengo cachorro, y mis pasadas son con la ropa más formal ... Ok! ... de señoras!!
Debo reconocer que ahora no me provoca hacer otra cosa más que tejer, he dejado de escribir (sólo contesto correos), de leer, aunque no de ver películas: ventajas del tejido que te permite acurrucarte en el sofá y, mientras creas abrigo, destejer las tramas de las historias frente a la pantalla del televisor.
El niño aprendió a tejer hace dos años, era la sensación de la casa y alrededores; luego de varias chalinas (para papá, mamá y Mario Bros!) todavía le gusta, aunque le da "roche" que se enteren fuera de la casa y de su mejor amigo, que por cierto: también teje!. Hasta ahí me doy por satisfecha. Le he legado la tradición que llegó a nosotras por la Araña-Madre, un legado que va más allá de unas madejas y unos palitos que se encuentran y transforman en nuestras manos, algo así como una red, que sin pretenderlo, nos mantiene unidas a nuestra madre, como el cordón umbilical que no podemos cortar, que no queremos cortar.
Debo aclarar que en este lado de la ciudad, donde están sentadas (que no asentadas) mis amplias bases, el sol suele ser un "caserito", pero eso no impide que seamos bañados por la misma panza que el resto de la gran Lima.
Hoy no. Aunque delgada y translúcida, la capa équida, está sobre mi cabeza, conminándome a tomar otra taza de café y encaminando mis pasos hacia este rincón de mis dominios tan abandonado últimamente.
Por estos días mi atención ha estado centrada en la creación de nuevas formas de abrigarnos sin perder un ápice de glamour en el intento: sí, tejer!
Junto a mi mami y hermanas, hemos resucitado el viejo taller familiar de donde salían chompas, ponchos, chalinas y casi cualquier cosa que se pueda hacer con una máquina de tejer, palitos y crochet. Por estos días nos encontramos tejiendo nuestras redes en la vieja tradición legada amorosamente por nuestra madre, algo así como el regreso de las arañas.
El afán ha sido tal, que hemos contagiado a los niños y durante estas vacaciones de primer bimestre, se instauró la hora del Club del Tejido. Durante la semana pasada, a las 6 de la tarde en punto, los niños (el enanito, un amiguito y su prima Jose) se sentaban en la sala y bien premunidos con palitos y lanas acometían la labor. Si he de ser sincera, la tejedera sólo duraba unos minutos, luego de los cuales el Club del Tejido se transformaba en el Club de los Jedis ... y los chicos terminaban correteando a la niña que escapaba de los filudos palitos-espadas láser muerta de risa.
Otra cosa que resucitamos fue el Desfile. A fines de los ochenta y comienzos de los noventa, cuando el taller estaba en pleno apogeo, instauramos la costumbre de organizar una pequeña "pasarela" en la sala de la casa. Por supuesto que yo fungía de Top Model en aquel amago de Fashion Week de barrio. Por nuestra pasarela desfilaron todas las amigas largiruchas, flacuchas y despistadas que asomaban por la casa. Cuando veo las fotos de aquellos días, me divierto horrores descubriendo la cantidad de amigas que cayeron en nuestras redes, felizmente, jamás literalmente.
Recuerdo que antes de comenzar el desfile, me secaba la jarra con el coctelito de fresa que nos subían a las "modelos" mientras esperábamos que se llene la sala para empezar. No recuerdo haberme sentido nunca tan nerviosa como en esos previos, imagino que por eso nunca terminé de emborracharme si se tiene en cuenta la cantidad de Pisco que, a esas alturas, corría por mis venas. Maldecía el momento en el que gracias a mi angurria y deseos de figuración, me adjudicaba la mayor cantidad de pasadas por la pasarela. Mientras los segundos para el inicio se acercaban yo seguía exprimiendo la dichosa jarra sin dejar de desplegar todo mi verbo florido, por supuesto. Para remate, obviamente que era yo quien encabezaba el desfile.
Ese segundo piso era un hervidero de nervios, gritos contenidos, ajetreos y enredos con la ropa, zapatos y accesorios. Abajo, en los últimos desfiles que hicimos, ya estaba el Hombre instalado al lado del equipo con la música apropiada. Más allá, papá ... con su vaso de whisky y su sonrisota aderezada de orgullo cada vez que pasaba a su lado ... y, cuando mis nervios estaban en su clímax y parecía que iba mandar todo a la mierda, Zaz!: "Fabu, tu turno" ...
Este año lo volvimos a hacer. Cuando bajé por las escaleras en mi primera pasada, alguien dijo por ahí: "Aquí está Fabu, quien se rehúsa a dejar las pasarelas..."
Si pues: me rehúso! y si no puedo ser Top Model de mi propia línea de ropa, no le veo la gracia al asunto. En los previos al desfile (backstage, que le dicen) les decía a mis sobrinas, las actuales reinas de la pasarela familiar, que la última vez que salí a modelar, era un palo, todavía no me había casado y modelaba la línea juvenil; ahora, el palo se ha rellenado (muy convenientemente a decir del Hombre), no sólo estoy casada: tengo cachorro, y mis pasadas son con la ropa más formal ... Ok! ... de señoras!!
Debo reconocer que ahora no me provoca hacer otra cosa más que tejer, he dejado de escribir (sólo contesto correos), de leer, aunque no de ver películas: ventajas del tejido que te permite acurrucarte en el sofá y, mientras creas abrigo, destejer las tramas de las historias frente a la pantalla del televisor.
El niño aprendió a tejer hace dos años, era la sensación de la casa y alrededores; luego de varias chalinas (para papá, mamá y Mario Bros!) todavía le gusta, aunque le da "roche" que se enteren fuera de la casa y de su mejor amigo, que por cierto: también teje!. Hasta ahí me doy por satisfecha. Le he legado la tradición que llegó a nosotras por la Araña-Madre, un legado que va más allá de unas madejas y unos palitos que se encuentran y transforman en nuestras manos, algo así como una red, que sin pretenderlo, nos mantiene unidas a nuestra madre, como el cordón umbilical que no podemos cortar, que no queremos cortar.
jueves, 23 de abril de 2009
Tejiendo miedos
Es curioso cómo la supuesta fortaleza a veces viene del aislamiento, del no haber sido expuesta. Siempre me sentí fuerte, por encima de los golpes bajos, una sartén de teflón (de las buenas!). El mundo cotidiano, para los mortales; para mi, las rosas de una vida amable.
Este año comenzó con un estruendo, el terrible estruendo de la burbuja rompiéndose sobre mi.
La ventaja de vivir en las nubes, lejos de la realidad fea (la otra, es mi guarida), es que permite que todo lo que me atañe tenga calidad de Prime Time en mi vida, el resto son infomerciales que veo a través de mis pensamientos, siempre centrados en mi pequeño universo. La desventaja, es que cuando te llega la otra realidad te agarra desprevenida. Cuando, casi estrenando año nuevo, tuve el odioso incidente del primer crack, pensé que lo superaría en unos cuantos días. No fue así.
Lo recuerdo siempre. Siento que se ha sembrado en mi como una maldición; yo, que me declaro agnóstica, estoy hablando de "maldición", lo que, de otro modo, no debería tomarlo como contradicción: no soy atea. La duda me da el privilegio de abordar mi espiritualidad con esos matices.
Hasta he probado una especie de conjuro cada vez que me asalta el recuerdo. No estoy segura si está resultando pero no puedo negar que me da un aire estrambótico que combina muy bien conmigo.
Así las cosas, sucede lo del asalto. No voy a negar que este golpe me agarró bien parada, tanto que pude devolverlo (literalmente) multiplicado, sólo habría que preguntarle al choro. Es más, creo sinceramente que el sujeto recibió lo que le tenía guardado a la bruja. ¿Liberador? , un poco ... pero no suficiente.
Desde el asalto no he salido fuera de los linderos de mi aldea periférica. No ha sido necesario para sentirme secuestrada por el miedo.
No puedo sentir pasos detrás mío sin que el terror me erice la piel y me ponga a sudar como maratonista. No sé qué hubiera pasado si me tocaba la experiencia que cuenta Lu en su comentario del post anterior. Ojalá no tenga que saberlo nunca.
Debo reconocer que, aunque suene antipático, me siento como el superhéroe que pierde sus superpoderes. Antipático porque a todos nos golpea la vida y un entuerto con una bruja y un asalto, no son necesariamente como para pedir clemencia de rodillas; no quiero sonar, encima de antipática (que lo soy) , exagerada (que ... cielos, también lo soy!!), porque he tenido golpes verdaderos ¿qué clase de vida sería la mía si a mi edad no los hubiera tenido?, pero han venido de la propia vida, no de la maldad.
Siempre me he sentido con "buena estrella" o, en el peor de los casos (días pesimistas, que también los tengo) alguien lo suficientemente inofensivo como para provocar que los dioses juegen conmigo, no sé si me dejo entender.
Otra ventaja de vivir en las nubes, es que las ofensas y ciertas "malas leches" no llegan por estas alturas. Bueno, a veces, asoman.
Todo esto para decir que me siento horrible, y no es que esté parada frente al espejo o sentada en la peor silla de la casa (sí: je je) ... pero es como estar sin la capa (estoy segura que Superman si entiende esto) en medio de un cielo no tan propicio, y... antes de caer en picada, probaré un poco de mortalidad: me lavaré la cara, alzaré el volumen de la radio, me serviré el segundo café de la mañana y atacaré a los fantasmas con las filudas puntas de mis palitos de tejer.
Este año comenzó con un estruendo, el terrible estruendo de la burbuja rompiéndose sobre mi.
La ventaja de vivir en las nubes, lejos de la realidad fea (la otra, es mi guarida), es que permite que todo lo que me atañe tenga calidad de Prime Time en mi vida, el resto son infomerciales que veo a través de mis pensamientos, siempre centrados en mi pequeño universo. La desventaja, es que cuando te llega la otra realidad te agarra desprevenida. Cuando, casi estrenando año nuevo, tuve el odioso incidente del primer crack, pensé que lo superaría en unos cuantos días. No fue así.
Lo recuerdo siempre. Siento que se ha sembrado en mi como una maldición; yo, que me declaro agnóstica, estoy hablando de "maldición", lo que, de otro modo, no debería tomarlo como contradicción: no soy atea. La duda me da el privilegio de abordar mi espiritualidad con esos matices.
Hasta he probado una especie de conjuro cada vez que me asalta el recuerdo. No estoy segura si está resultando pero no puedo negar que me da un aire estrambótico que combina muy bien conmigo.
Así las cosas, sucede lo del asalto. No voy a negar que este golpe me agarró bien parada, tanto que pude devolverlo (literalmente) multiplicado, sólo habría que preguntarle al choro. Es más, creo sinceramente que el sujeto recibió lo que le tenía guardado a la bruja. ¿Liberador? , un poco ... pero no suficiente.
Desde el asalto no he salido fuera de los linderos de mi aldea periférica. No ha sido necesario para sentirme secuestrada por el miedo.
No puedo sentir pasos detrás mío sin que el terror me erice la piel y me ponga a sudar como maratonista. No sé qué hubiera pasado si me tocaba la experiencia que cuenta Lu en su comentario del post anterior. Ojalá no tenga que saberlo nunca.
Debo reconocer que, aunque suene antipático, me siento como el superhéroe que pierde sus superpoderes. Antipático porque a todos nos golpea la vida y un entuerto con una bruja y un asalto, no son necesariamente como para pedir clemencia de rodillas; no quiero sonar, encima de antipática (que lo soy) , exagerada (que ... cielos, también lo soy!!), porque he tenido golpes verdaderos ¿qué clase de vida sería la mía si a mi edad no los hubiera tenido?, pero han venido de la propia vida, no de la maldad.
Siempre me he sentido con "buena estrella" o, en el peor de los casos (días pesimistas, que también los tengo) alguien lo suficientemente inofensivo como para provocar que los dioses juegen conmigo, no sé si me dejo entender.
Otra ventaja de vivir en las nubes, es que las ofensas y ciertas "malas leches" no llegan por estas alturas. Bueno, a veces, asoman.
Todo esto para decir que me siento horrible, y no es que esté parada frente al espejo o sentada en la peor silla de la casa (sí: je je) ... pero es como estar sin la capa (estoy segura que Superman si entiende esto) en medio de un cielo no tan propicio, y... antes de caer en picada, probaré un poco de mortalidad: me lavaré la cara, alzaré el volumen de la radio, me serviré el segundo café de la mañana y atacaré a los fantasmas con las filudas puntas de mis palitos de tejer.
viernes, 17 de abril de 2009
Sin tiempo para nada

Pasadas las vacaciones por el cumple del Hombre y la Semana Santa, los días se han vuelto insoportablemente cortos. Tengo un montón de lanas esperando por ser convertidas en "arte textil" (¡chompas!), tres juegos de palitos de tejer con sus respectivos trabajos a medias y grandes expectativas por lo que terminarán siendo. Eso me tiene alejada de la máquina ... la limpieza, el lavado, la cocina y las dos cajas que quedaron sueltas por la sala luego del último acomodo por la llegada del nuevo televisor que obligó a alterar el mueble que cobijaba al anterior.
En ese estado de cosas, ayer me robaron.
Gamarra. Fui con mis hermanas y mi sobrina en busca de las plumas para mi vestido strapless que me pondré esta noche, y luego de caminar por el "emporio", felices de ver tantas cosas lindas y baratas, tomamos un taxi. Íbamos cotorreando de lo lindo por las compras cuando fuimos atacadas por tres tipos (después nos daríamos cuenta que fueron más los que deambulaban por ahí), uno de los cuales metió medio cuerpo por la ventana del copiloto, donde estaba mi hermana y apagó el carro, felizmente el taxista reaccionó y no le permitió sacar las llaves. Fue entonces que escuché un grito a mi lado, era mi otra hermana que luchaba para que otro tipo no le abra la puerta desde la ventana del conductor, inmediatamente y como una alarma que se activa, yo también comencé a gritar, pero no fue lo único que hice.
Viendo al tipo que se había metido por la ventana del copiloto y luchaba con el taxista por las llaves, prácticamente encima de mi hermana, empecé a disparar una artillería de golpes a su cara, intenté jalarle el pelo pero lo tenía muy corto, le torcí la oreja de mil modos, mientras seguía dándole de golpes y gritaba al mismo tiempo. En ésas estaba cuando vino un tercer tipo y por la ventana de adelante abrió la puerta de atrás, donde estaba mi sobrina (veinteañera, jamás llevaríamos niños a Gamarra!) y tranquilamente me arrancó el canguro. Eso los alejó.
En medio de nuestros gritos que no se habían dado cuenta que los choros ya se habían ido con el botín (mi cangurito, recuerdo de Ecuador y la cartera de mi hermana, que estaba sentada adelante), el taxista pudo arrancar. Salimos disparados presas de la conmoción, los carros que pasaban a nuestro lado le recriminaban al taxista "¡cómo las traes por acá!" y otras cosas, pero creo que no había otra salida. Ya en camino a casa el taxista se lamentó de no haber llevado su revolver, resulta que era policía. Nosotras en realidad estábamos aliviadas, porque con un arma de por medio quizás las cosas hubieran empeorado en lugar de mejorar. En todo caso y después de todo, tuvimos suerte. O, talvez nos tocaron unos choros novatos que se intimidaron con nuestros gritos y por eso no usaron más violencia, porque el asunto fue "limpio" si se me permite la expresión; se llevaron lo que querían, sin golpes, ni insultos, ni toqueteos. Cuando pienso que pudieron cortarnos o algo por el estilo, se me eriza la piel.
Perdimos dos DNI, mi tarjeta, mi cel, llaves y los veinte soles de emergencia que siempre llevo con mi DNI ... y mis anteojos. Estoy escribiendo con unos antiguos que por lo menos me evitan el tener que digitar al tacto. Todas, cosas recuperables, menos el espantoso momento.
Un consuelo, gastamos hasta el último centavo (menos mis 20 de reserva) y todo lo que compramos estaba en la maletera ¡qué bueno que hicimos caso al taxista que nos insistió en no llevar bultos para evitar ... ¡¡que nos roben!!
Lecciones.
En primer lugar ¡nunca más ir a Gamarra!
... Ok ... todos sabemos que sí lo haré, entonces unas simples precauciones no están de más.
*No llevar las llaves de la casa, no sé por qué las llevé si en casa siempre queda alguien, llaves+DNI=invitación a casa para el choro, sólo faltaría la alfombra roja!.
*No llevar tarjetas, yo pensé que era mejor sacar el dinero allá mismo para no exponerme en el camino pero si te van a robar, mejor que sea efectivo y ahí quedó el asunto, felizmente el Hombre arregló eso al toque.
*Tomar auto y no station, si hubiéramos tomado el taxi anterior que nos pedía demasiado lo habríamos perdido todo porque no hay dónde esconder nada e igual rompían las lunas.
*No oponer resistencia, fue una tremenda imprudencia de mi parte agredir al tipo, puse en peligro a mi hermana precisamente tratando de defenderla, ¿no dicen que el infierno está lleno de buenas intenciones?
En cuanto a los gritos, creo que sí ayudaron, llamaron la atención y siento que de algún modo neutralizó el asalto. Ahora me revienta el no haber gritado ¡ahí viene la policía! para dar unos segundos al conductor y salir disparados, alguna vez escuché que eso había salvado a alguien.
*Es preferible morirte de calor y no bajar las ventanillas, mi hermana iba con la luna a la mitad y eso ayudó a que el choro meta el cuerpo. Aunque finalmente rompan la luna, no hay por qué darles la mínima ventaja.
*Fijar la ruta con anterioridad, a veces los taxistas podrían ser cómplices. En nuestro caso creemos que no y el hecho de haber neutralizado al que quería sacar la llave impidió que perdiéramos también las compras, eso sí que hubiera sido devastador! (sí, qué frívola pues!).
En vista de que ya casi no veo por estos lentes que no son de mi medida y encima tengo que preparar mi producción para el matri de esta noche (¡la vida continúa y pienso tomar como cosaca para expulsar el miedo!) continuaré con las lecciones en otro momento o es que ya no se me ocurren más.
Estoy en un estado de paranoia total, el menor ruido me altera. Anoche tuve que recurrir a mi antidepresivo favorito: dormí con el niño. Nada como sentir el dulce olor de su cuellito, la marea de su respiración en su pancita, su mano en mi cara, su preciosa mano espantando pesadillas y rateros no tan avezados. Amanecí como imagino que será el paraíso, mi propio paraíso:
triple cuchara con el niño y el Hombre a mis lados. Mis aliados, mis justicieros.
Esta mañana, antes de ir al colegio, el niño me dio dos monedas de diez céntimos,
-Mamá, disculpa que no tenga más, pero como te has quedado sin platita ...
Hay cosas que los rateros no te podrán robar jamás.
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